RSS

WebLGA

Nerudalgia





Intervención granarcadiana al "Poema 20" de PABLO NERUDA. Bajándole los niveles de azúcar.


texto: Carlos Gato
ilustración: Híbrido









Puedo escribir los versos más tristes esta noche
sobre este espejo brumoso
tras sus meridianos de cocaína


Escribir, por ejemplo: “la noche está estrellada,
y tiritan, fluorescentes, sus pezones, a lo lejos”

El viento de la noche gira en el cielo y canta
los lascivos salmos que se agitan en todas las bocas
que alguna vez fueron su boca


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
yo la quise, y a veces ella también me quiso ver
arrastrando hacia las tres crucifixiones
que aguardaban en sus cadalsos rosa.


En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
E intenté vanamente contener el licor
que rezumaban sus pechos turgentes.


La besé tantas veces bajo un cielo infinito.
Y ella bebió de mi humedad
y volvió a mi boca
cargando el aroma del celo


Ella me quiso, a veces yo también la quería
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Cómo no amar esos lúgubres pulpejos de carne
que fueron patria de los espectros


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido
Sentir que ya no podré transitar su piel
dejando surcos, pinceladas que permanecían nítidas
aún después de varios pestañeos.


Oír la noche inmensa. Más inmensa sin ella.
Oír crepitar las promesas
y verlas descender por su abdomen
como lentas volutas de humo
.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Qué importa que su lengua insistiera
explorar las debilidades de la fiebre
que me deshizo en espasmos frenéticos, epilépticos
hasta acabar inmolado e inmediato resurrecto.


Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Mi alma extraña aquellas noches
en que sus efluvios goteaban por mis piernas
Palpitaba en su boca
la sublime exacerbación
de la violencia que irrigaba
la sal por mis arterias críticas
.

La misma noche que pudre los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Somos peores aún

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído
Y decirle despacito que su piel atrapa,
que sus pupilas se dilatan en explosiones de color
y de sombras complejas
que se acoplan a nuestros vaivenes rítmicos


De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Otro penetrará fuerte sus secretos húmedos,
otro sentirá sus garfios presos a la espalda
y verá brotar los hilillos de sangre
que se buscan y encuentran
como gotas de mercurio.


Ya no la quiero, es cierto pero talvez la quiero.
Es tan corto el amor y el olvido más se asemeja
a una rutilante estela de hielo que viaja
montada sobre un riel infinito
describiendo un trazo convexo
que podría demorar la vida en desaparecer


Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Ahora, sin su gravedad infame
no soy más la ávida incursión
sino otra más de sus húmedas mortajas


Aunque este sea el último dolor que ella me causa.
Y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Siempre cuando no haya muerte sin resurrección
dioses y demonios mediante
Ni queden ciegos que se nieguen a ver
Ni ceniza que se niegue a reagruparse
.

[LEE EL ARTÍCULO COMPLETO]

La maldición atávica de Tancredo



Bienvenidos a la historia del peor de nuestros hombres, Tancredo Alemparte Nietzhager, ultranacionalista, ultramontano, monarquista y antidemocrático.



CAPÍTULO I
"El abuelito Wolfram"






Wolfram Nietzhager Lell, abuelo de Tancredo Alemparte Nietzhager. Sargento del ejército nazi, concretamente de las SS. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro del Afrika Korps, combatió en Túnez, Libia y Etiopía. Por su sobrepeso y los consecuentes problemas de salud tuvo que abandonar el frente de batalla. De ahí en adelante su vida militar se limitó a cumplir labores logísticas en el campo de concentración Struthof-Natzweiler, en la Alsacia francesa.

A diferencia de sus compañeros Wolfram no era un hombre cruel. El exiguo poder que ostentaba dado su grado lo ejercía más con curiosidad que con firmeza. Se podría decir que fue un nazi bueno (que no equivale a ser un buen nazi). Lo único reprochable de su comportamiento durante esos días fue el entusiasmo exacerbado que mostró en las quemas de libros y dos intentos infructuosos de acoso sexual a unas jóvenes costureras judías.


Wolfram Nietzhager avivando el fuego con libros de George Bataille

El 24 de Noviembre de 1944 los Aliados ingresaban a Struthof-Natzweiler. Fue el primer campo de concentración en ser liberado. La noche anterior los oficiales alemanes huían hacia la retaguardia, dejando sólo un puñado de hombres a merced del enemigo, entre ellos Wolfram, quien jamás creyó posible la caída del Reich, y en vez de salir arrancando o preparar la resistencia se puso a beber hasta quedar completamente borracho.

Esa mañana despertó con los gritos apagados de los prisioneros que se asomaban lastimeramente por las barracas. Miró por la ventana y vio como de la niebla brotaban las siluetas de los soldados aliados y un enorme tanque derribaba el frágil cerco de madera. Algunos de sus compañeros salieron a su encuentro enarbolando banderas blancas, pero fueron inmediatamente asesinados. Lo único a que atinó Wolfram fue a ceñirse un uniforme de prisionero y salir junto a los demás a darle la bienvenida al ejército libertador.

Los soldados avanzaban horrorizados entre los espectros, asqueados por su hedor y aspecto. Uno de ellos reparó en Wolfram, le pareció extraño verlo tan robusto y rosáceo entre el resto de osamentas andantes, se le acercó con el fusil en ristre y le hizo algunas preguntas en un alemán precario. Wolfram quejumbroso le explicó que los médicos del campo lo habían sometido a espantosos experimentos, uno de los cuales implicaba un brutal desorden alimenticio. Los demás prisioneros que presenciaban la escena no dijeron nada. Quizás por las atrocidades a las que fueron expuestos mantenían el recelo hacia los alemanes aún al verlos derrotados, o quizás sencillamente no fueron capaces de reconocer a Wolfram sin la formalidad y la provocación que le proporcionaba su uniforme de la Schütz Staffel. Disfrazado de prisionero no era más que un inocuo gordito en pijamas.

Fue así como realizó el éxodo hacia la zona desmilitarizada, rodeado y resguardado por quienes hace unas horas habían sido sus cautivos. Ante las autoridades se identificó como Eleazar Herschel, profesor de química de Cracovia, y hasta que la guerra concluyó vivió de allegado en la granja de unos campesinos del norte de Francia. En 1947 el gobierno francés le concedió un salvoconducto para radicarse en Palestina, pero Wolfram, temeroso de la efectividad de los organismos de inteligencia judíos, rechazó el visado y en cambio pidió uno para viajar a Sudamérica, so pretexto de encontrar a algunos familiares que habían huido antes de comenzar la guerra. El mes de Abril de 1948 Wolfram Nietzhager desembarca en Valparaíso.

Sus primeros años en Chile los vivió de manera austera y manteniendo un bajo perfil, pero al ver la total impunidad y el trato sumiso y zalamero de los chilenos, se atrevió a contactarse con otros nazis ya hacendados en el país, entre ellos uno de sus compañeros en las Juventudes Hitlerianas, famoso por su fanatismo por la disciplina y la pulcritud, su nombre era Paul Schäfer.

En una escueta misiva Wolfram pone al tanto de su estadía en Chile a Paul. Días después Paul lo invita a conocer su proyecto de Sociedad Benefactora en el sur del país. Considera que Wolfram con su experiencia en campos de concentración sería muy conveniente para sus intenciones.

Wolfram se convirtió en el hombre de confianza de Schäfer. A cargo de la organización y las finanzas hizo prosperar rápidamente la Sociedad Benefactora. A pesar de su insistencia y sus amenazas, Wolfram jamás accedió a los convites de Paul, quizás por que ya estaba al tanto de sus oscuras desviaciones. Se avocó íntegramente al trabajo y en cosa de años logró amasar una considerable fortuna. Invirtió su dinero en la importación y desarrollo de maquinaria agrícola. Para mediados de los 50 Nietzhager Maschinen era el principal proveedor del país, incluso más importante que el célebre Fabrizio Levera, alias “Gigi el amoroso”.

A los sesenta años Wolfram contrajo nupcias con Aurolinda Pichipillán, joven temuquense treinta años menor que él. La boda fue arreglada entre los padres de Aurolinda y el mismo novio. Wolfram ya había intentado acordar su matrimonio con los padres de otras chicas campesinas y no le había ido bien. Aurolinda fue la única de las chicas que no se suicido al comprender que debería vivir para siempre al lado y abajo de ese viejo abominable. Los Nietzhager-Pichipillán tuvieron cinco hijos: cuatro niñas y un sólo varón. A esas alturas Wolfram ya había perdido la razón. La arteriosclerosis, sus años de alcoholismo, una bien disimulada adicción a la cocaína más los fantasmas de su pasado nazi le estaban pasando la cuenta.

Entusiasmado por algunas leyendas teutonas y la lectura de Miguel Serrano decide consagrar su vida al Hitlerismo Esotérico. Su sueño era crear una dinastía, el V Reich en el fin del mundo, gastando su fortuna en proyectos absurdos como rastrear a Hitler en la Antártida o la investigación genética que comprobara finalmente que arios y mapuches tendrían un origen común.

Mal le fue, sobre todo con lo de la dinastía. Su hijo Friedrich se suicidó a los quince años por razones desconocidas y con él se perdió el apellido. Sólo le quedaban sus hijas, entre ellas Ingeborg, la madre de Tancredo, a quienes tendría que buscarles un marido potentado que rescatara la tradición y la fortuna de los Nietzhager.

[LEE EL ARTÍCULO COMPLETO]