Virginia Humores.
vendiendo cuellos de polar a las afueras de la casa de Kafka.
Praga. Republica Checa
Era el año 91’ o ’92. Llevaba una década radicada en Praga, aún Checoslovaquia, y gracias a mi arduo trabajo había logrado convertirme en una de las actrices más prestigiosas y mejor cotizadas del porno europeo. En esos años, los primeros post Guerra Fría, las productoras porno comenzaron a germinar atolondradamente, y los casting desbordaban de jovencitas provenientes de los países descolgados la órbita soviética. Todas esbeltas, con rostros angelicales y dispuestas a follar a cambio de un plato de comida...... La excesiva oferta hizo que a las pobrecitas les pagaran una miseria. Yo ya era una veterana, una milf, y aunque todavía me quedaban algunos años de actividad decidí alejarme de la industria y buscar horizontes más lucrativos.
Fue así como dejé de actuar y me transformé en una puta de lujo. Magnates, jeques y deportistas jubilados me pagaban cantidades grotescas de dinero para que los acompañase en las apoteósicas fiestas que brindaban en sus yates y palacios. Era un trabajo cómodo, rodeado de ostentación, del mejor champaña, la mejor cocaína. El cliente me paseaba asida a su brazo ante la mirada ansiosa de otros millonarios que se lamentaban por no haber tenido la ocurrencia de contratarme antes. Así pasaban mis jornadas laborales, sintiéndome como la más sofisticada mascota. A veces estos vejetes ni siquiera me follaban. Se limitaban a manosearme, lamerme, o sencillamente se quedaban sentados apreciándome, como si aún estuviese tras la pantalla del televisor, enfrentándome a virilidades que les hacían sentir dramáticamente inferiores.
Comencé a llevar una vida más relajada. Ya no había caprichosos horarios de rodaje ni extenuantes jornadas de promoción. Tenía mucho tiempo libre para pasear, visitar museos, y con curiosidad aventurarme en una vida hogareña. Todas las mañanas tomaba mi canasta e iba al mercado de la costanera del Moldava. Ahí me gustaba regatear a grito pelado el precio con los vendedores, me recordaba a mi natal Valparaíso, una costumbre muy común allá, pero que aquí sólo se atreven a hacer los vagabundos y los borrachos terminales.
En una de estas expediciones al mercado fue cuando conocí a Pépik. Yo peleaba por el precio de unas lechugas mientras el discutía con el tendero que lo acusaba de robarle un plátano. Pépik me miró y sonrió, dejó al tendero discutiendo solo y se ofreció a llevarme las bolsas a casa. En el camino me entretuvo contándome su vida. Era amable y medianamente educado. Parecía un estudiante de esos a los que les va pésimo. Llegamos a casa y lo invité a pasar, el aceptó y nos quedamos platicando hasta bien avanzada la noche. El nunca se insinuó, ni siquiera hizo un comentario cachondo, parecía más preocupado de que no se acabase el alcohol que de seducirme. Me habló de las sinfonías de Dvorak, de cine y los directores de moda, pero sobre todo me habló de libros. Yo lo escuchaba tratando de ocultar mi emoción: era la primera vez en mi vida que un hombre se me acercaba sin la intención de follarme.
Su aspecto desaliñado y su frágil supervivencia me recordaban a Rodia Raskolnikov, aquel febril personaje de Crimen y Castigo. A pesar de su incompetencia tan evidente, quemante, generaba esa inexplicable sensación de encontrarse frente a un extraordinario potencial. Los fantasmas de una gloria en cierne se desarrollaban lentamente en el, manifestándose en sus arrebatos, en su excesivo atrevimiento, los únicos puntos de conexión entre la genialidad genuina y la de utilería.
Era obvio que no me conocía. A esas alturas yo ya era un clásico, una lasciva obsesión que perseguía por la noche a los cuarentones. El tenía apenas 25 años. De haber visto alguna de mis películas debió ser apenas un niño, y a esa edad todas las tetas son inmensas y todas las vaginas parecen dulces, así se hace imposible distinguir una mujer desnuda de otra.
Bueno, además de su graciosa manera de hablar y de su caballerosidad de otro siglo, el muchacho era un animal en la cama. Pero aparte de eso no poseía mayor encanto. Cuando nos presentamos el se autodenominó poeta, pero a los pocos minutos de conversación pude apreciar que de ello no tenía más que la soberbia y el ego sobredimensionado. Sus poemas eran espantosos, groseros calcos de bardos lameculos que el jamás pensó que yo había leído, y que insistía en recitármelos en voz baja al oído, mirándome de vez en cuando y arqueando las cejas, a la espera de algún elogio o un gesto que evidenciara mi impacto ante tanta genialidad. A mi me daba una risa tremenda este fanfarrón que no paraba de enrostrar sus virtudes y de besarse a si mismo, pero opté por seguirle el juego e instarlo a publicar esos poemas atroces. Era lo mínimo que podía hacer por el, sentía que la comida y el vino que le proveía no bastaba para retribuir las fantásticas noches que el me estaba entregando. Yo lo mimaba, y a él eso le fascinaba. Mi tenue sentido maternal conjugó a la perfección con su complejo edípico, tanto como sus agitadas hormonas sincronizaron con mi oficio ya convertido en hábito. A pesar de eso me encantaba que en su casa tuviera que dormir bajo unos cartones, que pasara frío, que el hambre le impidiera conciliar el sueño. Eso lo colocaba deliciosamente violento, y ocurrente, exactamente lo que necesitaba a mis alarmantes 45 años. En el nadir de mi vida este cachorro imbécil era capaz de inocularle avidez a mi exagerada existencia.
Las visitas de Pépik se hicieron más recurrentes, y poco a poco fue trasladando sus cosas desde la pocilga en la que vivía. Fue una mudanza furtiva, imperceptible, como una gata trasladando a sus crías. En cada una de sus visitas dejaba un libro, un chaleco, cosas así. Resultó ser tan pobre que al cabo de una semana la mudanza estaba completa y ya lo tenía instalado en mi casa, ofreciéndose a cortar el césped y a clavetear algunos muebles. Accedí a su ofrecimiento y mientras lo hacía preparé una suculenta cena. Pépik concluyó sus labores domésticas, se bañó, cenamos, después subimos a la habitación a follar como bestias, tuvimos una breve conversación post amatoria y finalmente lo eché a la calle. Al principio creyó que estaba bromeando, pero pronto se dio cuenta que no valía la pena insistir y se marchó rezongando entre lágrimas. Yo me quedé mirando cómo lentamente se iba sumergiendo en la oscuridad, con su vieja maleta, sus cartones, era como ver al chavo del 8 saliendo de la vecindad cargando ese palo con una bolsa amarrada en un extremo. Me dio mucha risa pero no se porqué me la aguanté.
A la semana siguiente un magnate petrolero ruso me ofreció el dinero que yo acostumbraba a ganar en un año por irme con el en un crucero por la costa amalfitana durante la semana santa. No lo pensé dos veces y validé el pasaje de avión que me envió. De Pépik nunca más supe nada. Sólo está aquella carta que encontré bajo mi puerta un año después, sin remitente ni dirección de donde había sido enviada. El papel estaba arrugado, con marcas de lágrimas y aceite, muy de Pépik. Tenía escrito lo siguiente:
"He hecho todo lo que me sugeriste para olvidarte, dulce Virginia, me he follado todo lo que se me ha cruzado, pero hay noches en las que no logro traer ninguna mujer a casa. Esas noches me tiendo sobre la cama, sin luz, escuchando a esos jazzistas negros que tanto te gustaban, y comienzo a recordar aquellas noches en las que nos amábamos desaforadamente. Recordar, por ejemplo, esa vez que marqué con fuego mis iniciales sobre tu vagina triangular. O las tardes enteras que pasábamos asfixiándonos el uno al otro hasta bordear la inconsciencia. Cómo olvidar cuando atomizaste combustible sobre mi torso, formaste una pequeña fuente en mi ombligo y luego le prendiste lumbre, amarrado al catre presencié indefenso como la sangre hervía bajo la viva llama, desatando la inefable mixtura de dolor y placer insoportable que fuiste tu para mi. Esa vez mi carne humeante parpadeaba lánguida, como los últimos estertores de una vieja ampolleta..."
Virginia Humores V "Mi Raskolnikov amante"
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Arte en el río Mapocho
¿Cuántos de ustedes repararon en esos flecos azules que cuelgan a un costado del puente Pío Nono? Lo que es nosotros, quienes hacemos este blog, nos dimos cuenta una noche en que cruzamos el Mapocho rumbo a la Nona, para el ritual de la reunión de pauta.
Recuerdo que al ver ese horrible plástico cortado en tiras rascando las aguas del río exclamé de inmediato: ¡Seguro que el gueón que hizo eso se ganó un Fondart!...
Nos reímos un buen rato inventando nombres inverosímiles para ese "supuesto" montaje artístico. A los pocos minutos nos olvidamos del tema, concluyendo que tal vez se trataba de alguna solución práctica de los feriantes del sector para medir la crecida del río, o en su defecto era el soporte en el que pegarían fotos de algún candidato a las municipales.
Grande fue la sorpresa cuando ojeando el suplemento cultural de un diario nos dimos cuenta que efectivamente esos colgajos azules correspondían a la instalación de una reconocida “artista visual” llamada -o apodada- Peque Cañas. ¡Plop!
La reacción inmediata fue googlearla para saber más de esta misteriosa creadora urbana. Y dimos con su sitio web, en el que se repasa su trayectoria, abundante en post grados -en Chile y el extranjero- además de una buena dosis de Fondart, becas, menciones honrosas y premios varios otorgados en mérito a sus trabajos artísticos.
Sobre la tiras azules que cuelgan en el Mapocho, la propia aludida explica -por cierto, en tercera persona- lo siguiente:"La artista visual Peque Cañas realizó durante los meses de abril y mayo una serie de instalaciones urbanas, de tipo Manifiesto, con el título: Mapocho ¿Quién te robó?, una trilogía sobre el agua y su ciclo con relación al Río Mapocho. Las cloacas, los desperdicios y el uso de agua, legal e ilegal, están dejándo el río seco en ciertas zonas y produciendo una cadena de contaminación. La artista ha querido atraer a la ciudadanía sobre el tema del Mapocho y llamar la atención de los santiaguinos con una expresión de arte en forma positiva, estética y audaz, ya que utiliza el lecho del río para exhibir sus obras: Lluvia, Río y Mar".
Al fin nos quedó claro de qué se trataba. ¡Cómo no haberlo entendido desde un principio! Pero qué brutos más grandes, no sintonizar con la sensibilidad de la artista, y del cauce, y del ecosistema. Cómo no escuchar los alaridos agonizantes del Mapocho gritando su dolor a nosotros, los crueles humanos que habitamos esta triste ciudad.
Iluminados al fin por ese halo divino que nos da apreciar una obra artística en todo su esplendor, nos pusimos a reflexionar sobre cuántas maravillas similares habrán pasado frente a nosotros sin siquiera darnos cuenta. Fue así que nos hicimos a la tarea de confeccionar una lista de montajes “artísticos urbanos” y sus correspondientes significados:
Callejón Lo Ovalle: Obra arquitectónica emplazada en el sector sur-poniente de la capital y que divide salomónicamente las comunas de La Cisterna y Pedro Aguirre Cerda. Su diseño, para ojos no entrenados en arte y estética, puede parecer algo tosco y hasta de mal gusto, pero pocos entienden la metáfora que la colosal maravilla encierra: "el descenso y ascenso de las almas por los bajos niveles de la existencia, transitando por el camino duro y peligroso -micros asesinas, cogoteros a toda hora- que finalmente nos conduce a un estado superior... en fin, La Divina Comedia llevada al urbanismo". Como si esto fuera poco, todos los inviernos el callejón se inunda, impidiendo a los vehículos pasar. "Un llamado de atención a nuestra civilización abstinada que se rige por sus reglas y minimiza la sabiduría de la naturaleza".
Zanjón de la Aguada: Riachuelo infestado de mierda que parte a Santiago Centro de la periferia. "Sus aguas representan el llanto de un pueblo postergado a la inmundicia de las poblaciones... su pestilencia es una alegoría de la putrefacción del alma humana, empeñada solamente en el consumo y la vanidad.
Torres de alta tensión de Avenida Pajaritos: Bajo la excusa de suministrar energía a Santiago poniente, nuestros ingenieros han regalado a los vecinos estas instalaciones artísticas algo molestas para los oídos, pero cargadas de un mensaje social invaluable: "el sonido incesante y caótico de la vorágine cotidiana, que impide oir el murmullo desnudo de nuestras conciencias. Un zumbido metálico saturado de distractivos que nos desvían de la reflexión ciudadana".
Sólo tres ejemplos, queridos lectores, que nos invitan a pensarlo dos veces antes de juzgar una obra artística sin antes entenderla en toda su dimensión. Ojalá que esta ciudad, que este país, que este planeta se llene de Peques Cañas que con su arte positivo, estético y audaz, nos despierten de nuestro eterno letargo cultural.
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El magnífico mártir de los globos

El 22 de Abril de este año se aprestaba a pasar a las páginas del almanaque como otro día irrelevante, hasta que el noticiario nocturno nos sorprendió con la que seguramente debe ser una de las 34 noticias más extrañas del siglo...
Ese día en Brasil un sacerdote se amarró a centenares de globos inflados con helio. Equipado con agua, barritas de cereal, ropa térmica, un teléfono celular y un GPS, pretendía sobrevolar la selva de un estado a otro. El objetivo de la hazaña era reunir fondos para un hogar de acogida de huérfanos, ex presidiarios o algo así. Luego de oficiar una misa bajo la lluvia el cura finalmente despegó entre aplausos y bendiciones.
Hasta aquí todo bien. Parecía sólo un ejemplo más de cómo el ocio puede afectar seriamente la conducta humana, ni siquiera se me ocurrió otorgarle una motivación divina. Lamentablemente la fe es un don que, como prácticamente todos, también se me negó. Para mi creer en Dios es tan descabellado como creer en el Trauco, esto me aflige y realmente quisiera que fuera diferente, por una cosa de comodidad metafísica más que nada. A pesar de ello siempre he sentido un gran respeto hacia la gente que cree, en lo que sea, pero que cree de verdad. Sin importar el credo, desde los árabes que se vuelan en pedazos por su fe hasta los filipinos que se crucifican para semana santa, los respeto a todos.
Como indica toda lógica el sacerdote y sus globos desaparecieron. El viento lejos de llevarlo a la ciudad donde lo esperaban con un carnaval lo dejó a la deriva en medio del océano. Era una situación ridícula, en los medios de comunicación daban esta noticia mordiéndose el labio para no estallar en carcajadas. Un par de meses después el cadáver del cura fue encontrado flotando en avanzado estado de putrefacción rodeado de sus globos.
¿Qué habrá hecho a este hombre, supuestamente en sus cabales, sentirse capaz de maniobrar esa enorme estructura flotante y encaminarla hacia donde él pretendía?Sin duda la fe, y en él la fe debió obrar en toda su extensión, probablemente mediante señales y revelaciones que acabarían convirtiéndolo en una especie de mártir. Imagino que más de alguien le previno de lo peligroso y absurdo de su travesía, hasta el más idiota sabe, o por lo menos sospecha, que a los globos los gobierna el viento, y el debió responder, definitivamente convencido, que su confianza estaba depositada plenamente en Dios, el único con potestad sobre las fuerzas de la naturaleza. Su confianza era absoluta, tanto como para ni siquiera hojear el manual de operación del GPS, así quedó evidenciado en su último contacto con la civilización, una llamada desgarradora en la que entre lágrimas suplicaba que alguien le explicara como funcionaba dicho aparato.
¿Qué hace que esta fe nos parezca ciega e irracional, convirtiéndola en sustrato de burlas y festín de ociosos?, ¿Acaso la extraña fuerza que impulsó a este sacerdote no es la misma que ha suministrado de mártires y santos durante dos mil años a la iglesia?
¿Cuál es la diferencia entre una manifestación divina y una galopante esquizofrenia?
La historia está llena de personajes que, tal como el cura este, renunciaron a la cordura y cometieron actos disparatados en nombre de la fe, consiguiendo en su mayoría finales tanto o más terribles. Revisemos a continuación algunos que seguramente en su tiempo también fueron tildados de idiotas:
Santa Serafina: Inmovilizada por la enfermedad exige a sus padres que la saquen de la cama y que la acuesten sobre una tabla dura, para simular el sufrimiento de Cristo en la cruz. El cuerpo se le llenó de escaras nauseabundas que atrajeron a las ratas, y como estaba totalmente inmovilizada ni siquiera podía espantarlas. Las ratas acabaron devorándola. Los padres al retirar el cadáver notaron que en la tabla en vez de pus había violetas blancas.
San Gueñol: Este santo es más falso que el Zalo Reyes de Facebook pero bien vale la pena mencionarlo. San Gueñol es el santo patrono de la disfunción eréctil, cientos de fieles acuden a su santuario y extraen pequeñas astillas de la virilidad de la imagen, otorgándole poderes milagrosos. La estatua del santo luce una gran erección.
Santa Brígida: Era tan guapa que cuando joven que le rezó a Dios para que la hiciera fea y así no generar pensamientos lascivos en los hombres. Dios le concedió su deseo: uno de sus ojos pasó al centro de la frente, creciendo hasta alcanzar un tamaño enorme; el otro se redujo a la nada. Se hizo monja y su rostro volvió a la normalidad.
Santa Lucía de Siracusa: Otra mujer incómoda con su belleza. Cuando un pretendiente le dijo que tenía unos ojos bonitos, ésta se los arrancó y se los entregó. El pretendiente se convirtió al cristianismo ipso facto. Era que no.
San Pedro Mártir: Lo cogotearon y le asestaron puñaladas en el pecho y en la cabeza. Moribundo, no desperdició energía en pedir ayuda, sólo se limitó a escribir con su sangre en el suelo "yo creo en Dios".
Santa Maria Magdalena de los Locos: Le gustaba correr en pelota por el convento, azotándose y tirándose sobre los arbustos espinosos. A menudo les pedía a sus compañeras monjas que la ataran desnuda y le arrojaran cera caliente, lo que le generaba intensos éxtasis. Algo así como el BDSM del siglo XVI.
ALGUNOS FINALES REALMENTE TERRIBLES
Santa Águeda de Catania: se negó a intimar con un senador romano arguyendo que ya se encontraba comprometida con Jesucristo. En venganza fue obligada a desempeñarse en una "casa de tolerancia", donde milagrosamente mantuvo su virginidad. Luego el senador ordenó que le cercenaran los senos y que luego la arrojasen sobre un brasero.
El rey Astiages de Armenia ordenó que al apóstol Bartolomé lo desollaran a latigazos y luego lo decapitaran.
A Santiago, el hermano chico del apóstol, lo lanzaron desde un templo a 30 metros de altura, sobrevivió a la caída, un verdadero milagro que no alcanzó a glorificar, porque inmediatamente sus enemigos se encargaron de matarlo a garrotazos.
Matías, quien reemplazó al Judas traidor, seguramente no sabía en el lío que se estaba metiendo, fue muerto a piedrazos y luego lo decapitaron.
El profeta Isaías huyendo de sus perseguidores se ocultó dentro de un tronco de cedro hueco. El rey Manasés ordenó que aserraran el tronco con el pobre Isaías dentro.
Perpetua, Felícitas y Saturo fueron devorados vivos por leopardos, jabalíes, toros y osos. Fue tal la brutalidad del asunto que todos en el anfiteatro clamaron piedad para estos cristianos. Finalmente los degollaron para que no siguieran sufriendo.
San Clemente de Ankara y San Agatángelo: Estos si que la pasaron mal, textual: "Los verdugos colgaron a Clemente, desgarraron su carne con dientes de hierro, le golpearon con piedras sus labios y mejillas; lo ataron a una rueda, lo golpearon con palos y lo cortaron horriblemente con cuchillos; le arrojaron picas a la cara, le rompieron las mandíbulas, le arrancaron los dientes y le aplastaron los pies con cadenas de hierro. Luego azotaron a ambos mártires y los suspendieron de una viga; chamuscaron sus cuerpos con antorchas y los arrojaron a las bestias salvajes. Les metieron hierros al rojo vivo bajo las uñas, los enterraron en cal viva y los dejaron así durante dos días. Después les arrancaron fragmentos de piel y los volvieron a azotar. Los pusieron sobre grillas de hierro calentadas al blanco vivo; los arrojaron a un terrible horno donde quedaron por un día y una noche. Una vez más les arrancaron la piel con ganchos de metal; luego armaron una especie de trilla y la arrojaron contra sus dientes. A Agatángelo le arrojaron plomo fundido sobre la cabeza; lo arrastraron por el pueblo con una piedra atada al cuello y lo apedrearon. Sólo a Clemente le perforaron las orejas con agujas al rojo vivo, lo quemaron otra vez con antorchas y le golpearon la cabeza con un palo. Después de recibir cincuenta azotes durante varios días seguidos, los decapitaron a los dos".
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La arcada como pequeño maleficio

La poeta Marcela Saldaño es una gran amiga de este blog. Para esta edición quiso regalarnos uno de sus textos.
Es un verdadero placer para nosotros...
Charly García
A veces las personas se encuentran solas duermen y siguen soñando viven y dejan
de pensar --son obligadas a manifestar sus estados--entre gritos y lluvia --- gatos
gritones y colas erectas ---- vaselina incendiaria que enoja al vulgo------ estados
momentáneos---- ecos de un vacío enorme---- dulces y trajes--- diamantes-- y
canciones---encuentros cerca de personas solas---cuyas camas se incendian y ese
ardor es sonoro-------------- un ardor de agua congelada------- puede ser que los
contrarios a veces se mezclen----- y terminen durmiendo en un hotel-- viendo
terribles programas-sonrisas plásticas y besos de mentira---la gente sola no habla
-------pero una vez --- sólo una------- una de ellas se acercó-------sopló mi ojo
-------parece que un reptil se introdujo en mi fuente
En cámara lenta hablamos de películas--------me parece que todo es sólo música
-------incluso los músicos y su resistencia incluso la mandíbula y sus insectos de cuevas carnales------------incluso el motivo----el ruego----la madre----ese---
padre olvidado en palabras-y la cama llena de cicatrices----que es una fosa donde
a veces se sueña------------cruza tempestades alojadas dentro del cráneo------
otras veces retrocede -------limpia los ojos y el garfio
En las fosas terribles se forman pequeños espejos-cada uno de ellos más lúcido
que el siguiente---lo material---es la forma invisible lo que vicia al entorno
-------vicio y llamas prenden las manos---la patria roja patria insensible----rostros
destrozados en el piso-------un piso tranquilo moja el puente
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Eugéne Ysaÿe presenta: Sonatas para no pasar agosto

El fantástico compositor e intérprete belga Eugéne Ysaÿe nos deja caer una sobredosis de sus más dolorosas composiciones...
En esta compilación:- Sonatas para violin y piano.
- Sonatas para dúo de violines.
Ideal para:- Mirar la lluvia por la ventana
- Mirar la lluvia con la ventana abierta
- mirar la lluvia con la ventana abierta y lanzarse al vacío
El sobreactuado Maxim Vengerov interpretando a Ysaÿe.
Registro histórico: el maestro interpretando a Mendelssohn.
DESCARGA EL COMPILADO AQUÍ
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La genética familiar
Un día mi madre, en nuestras largas conversaciones se puso seria y me dijo:
- Hija, creo que ya tienes edad suficiente para saber quien fue en realidad tu tía abuela.
Cuando mi madre adquiría ese tono de seriedad era porque estaba dispuesta a revelarme cosas de las cuales, cuando ya era una anciana católica, se hubiese arrepentido. Pero era joven, no tenía más de cuarenta años, aún bebía y salía con hombres a los que siempre los catalogaba de amigos. Mi madre era una mujer realmente sociable. Tal vez por eso me gustó tanto conocerles sus más íntimos secretos a mis amistades. No son tan difíciles de adivinar los secretos. El ocultismo masculino no dura más de 15 minutos, sabe a humedad de cuarto vacío, y huele a la peor de las leches de los orfanatos...
Ella se llamaba Octavia, y pasaba largas horas mirándose al espejo. Sin ser bella, tenía algo que llamaba la atención. Probablemente su temprana demencia. Más tarde, cuando seas un poco mayor entenderás que no hay nada en esta vida que atraiga tanto como la locura.[LEE EL ARTÍCULO COMPLETO]
Sus conductas siempre fueron algo extravagantes. No era extraño que se pasara largas horas hablando con un esqueleto de un ciervo que su hermano cazó en un bosque. Era algo así como un tótem que se guardaba en uno de los dormitorios más tenebrosos de la casa. Después fue la tierra. Después los hombres, terminó siendo el convento. Cuando estaba cerca de los 16 años dijo que hablando con las osamentas del animal había descubierto su camino, y a nadie le pareció raro. Dicen que armó un bolso lleno de cosas inservibles y que se fue a cuidar enfermos en un pueblo sin agua potable ni luz, donde pasaba noches enteras pensando en su querido ciervo, a quien le hubiese gustado llevar, pero por motivos de espacio y paganismo, tuvo que dejar en la misma pieza oscura.
Para agradar a Dios comenzó a someterse a toda clase de torturas y laceraciones, incluso dicen que en un arrebato de pasión por el padre invisible llegó a coserse los labios vaginales con una aguja grande, de esas que se usan para arreglar los chalecos rotos. Dicen también que en esa época devoraba libros de las historias más crueles de los santos, y se maravillaba con las técnicas usadas para los martirios. Su santa favorita era Cristina, a quien su padre azotó sin piedad, colgó desde un árbol con ganchos enterrados en su espalda, intentó quemarla en aceite hirviendo, ahogarla atándole una piedra al cuello y lanzándola al Bolsena. De estos y otros innumerables martirios aprendió durante las noches, pensando en cual la haría sentir más dolor. Pero este ya se había anestesiado hace un tiempo, por lo que decidió probar con el asco: Desayunaba una taza de orina tibia de los enfermos y un pan con escupitajos de tuberculoso. De tentempié cuatro costras de pie diabético. De almuerzo un plato de excremento agusanado y la cena, querida hija, es mejor que no la sepas, puesto que podrías tener pesadillas.
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DJ Asco presenta "La peor fiesta de mi vida vol. 2"
DJ Asco & sus tornamesas del tiempo te invitan nuevamente a un macabro paseo por las peores aberraciones musicales de la pubertad. CONCURSO!! Puedes ganarte una copia autografiada del compilado "La peor fiesta de mi vida". Sólo debes escribir un comentario y tener fe...
Septiembre 1984. Este par de funcionarios de Impuestos Internos prepararon una simpática performance para animar el viaje institucional a El Tabo. Las muñequeras aún es posible encontrarlas en Casa Royal.
A estas alturas un clásico. Dedicada a todas esas Ladas que a pesar de todo, jamás dejaron de mantener el movimiento.
El karma que debe sufrir este pinche pendejo por haber interpretado una canción tan mongólica.
Cualquier onda estos gueones.
Para los que creían que en el Medio Oriente todas las chicas se cubrían con velo y que a los homosexuales los mataban.
La Robotina antes de dedicarse a la prostitución de lujo.
Por si acaso el pelado fleto ese no es Moby.
...lo baila el Pato Yañez y Don Francisco...
Una canción intensa, ideal para mandarse la jalada matinal
BONUS TRACK!!!
LOS LENTOS
Esta canción se merece un monumento.
LO MÁS GRANDE. SEDUCTOR DE CLASE CALIENTE.
Mujer romántica no se engañe, este gordo escribió la canción pensando en los hot-dogs.
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¡¡¡BORGES!!!
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido... La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda transmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. ( A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el del otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa.Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Esto no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá que me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba un vestigio de sangre.
- ¿Lo creerás, Ariadna? - dijo Teseo -. El minotauro apenas se defendió.[LEE EL ARTÍCULO COMPLETO]
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Nine Inch Nails - The Downward Spiral
Trent Reznor y sus muchachos se presentan en Octubre en nuestro país. Para calentar motores y para que quienes no los conozcan dimensionen el calibre de NIN, hemos desclasificado la que, a nuestro parecer, es su mejor producción...
Nine Inch Nails es una banda de rock industrial compuesta oficialmente por un sólo integrante: Trent Reznor. El es quien se encarga de producir, componer, cantar y tocar los instrumentos. Él describe su banda como dos entidades distintas, el estudio y la banda en vivo. Por ello sus músicos sólo lo acompañan en las giras.
The Downward Spiral es una turbulenta marcha entre paisajes complejos e inefables atmósferas electrónicas. La maestría de Reznor y su capacidad de descifrar la armonía en el caos hace de este disco una sinfonía de sobresaltos de la que es imposible abstraerse. Ejercicio: colóquenlo en una reunión de amigos y verán como el silencio es inmediato, viendo pasar esta procesión de estaciones sucias, oscuras y fascinantes.
DESCARGA THE DOWNWARD SPIRAL AQUI
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