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Víctimas de La Gueá Cultural

Como equipo de LGA nos vemos en la obligación moral de enmendar un lamentable error cometido en la edición pasada y abrir los ojos ante una realidad que no por ser poco conocida es menos alarmante.

Durante el último mes no han parado de llegar a nuestra redacción reclamos de desconsolados padres y hermanos lamentando nuestra publicación denominada "Encandilados con la gueá cultural", en el que se describe a ese peculiar círculo de muchachas entusiastas por el mundo del arte y la cultura, algo que para los ojos de cualquier cristiano podría ser de lo más normal y hasta positivo. Pero no se engañen queridos lectores...

Luego de leer decenas y decenas de casos, no podemos dejar de conmovernos ante el dolor de personas y familias que han visto cómo amigas, hijas, hermanas y novias se han perdido completamente en el peligroso flagelo de la pose y el estereotipo cultural.

La desesperación ha llegado a tanto que incluso se está planteando crear la Agrupación de Víctimas de la Gueá Cultural (AVGC), con el objeto de brindar algo de esperanza a todos quienes viven el drama de ser esclavos de la estupidez.

Para graficar la gravedad del asunto y redimirnos del artículo anterior, hemos decidido publicar algunos de los dramáticos testimonios que han llegado a nuestra mesa de trabajo.

Pedro, Ñuñoa (padre):
Señor director, le suplico que publique esta carta para evitar que otros padres pasen por lo que yo estoy pasando con "la Vivianita", la regalona de la casa.

Todo empezó cuando en segundo medio le dio con que quería meterse al taller de teatro del liceo. Como la niña se sacaba buenas notas y no hacía problemas, no me pude negar.

Pero jamás pensé en el caos que iba a venir más adelante, cuando esta cabra de mierda se metió con esa gente tan rara, se pintó el pelo morado y se puso a pololear con un flaco de piel gris y cara de sidoso que no hacía nada más por la vida que escribir unos poemas rarísimos.

No me di cuenta y ya se había ido a instalar con otros cabros como ella. La última vez que la vi fue cuando vino a casa y se llevó una bicicleta del año del ñauca que guardábamos en la bodega, "pero mijita, de que le va a servir esa chatarra", le dije, pero ella me tildó de "fuera de onda" y aseguró que exactamente ese tipo de bicicletas utilizan los lolos de ahora.

Ahora ella vive con su grupo de teatro en Lastarria, se dedica a vender ropa y libros los fines de semana en el Parque Forestal. Su mamá me contó que le había pedido que le pasáramos todos los ahorros para sus estudios universitarios, quería montar una adaptación de MacBeth de un tal Chespiripeare. La mandamos a la mierda.

Renato, (ex pololo):
Con la Paloma éramos muy felices, sí que lo éramos. Los fines de semana hacíamos picnics en la Quinta Normal, o escuchábamos al Orfeón de Carabineros en la Plaza de Armas, o simplemente nos quedábamos acostaditos tirando y viendo tele toda la tarde. Era tan rico quedarse dormidos viendo el Show de Goles.

Pero ese año en que entró a estudiar arquitectura las cosas cambiaron para mal, cuando ella empezó a juntarse con sus compañeros artistas. Nunca más me fue a ver jugar a la pelota, sólo me hablaba de cuadros, arte y de las fotos que salía a tomar por la ciudad, empapeló la habitación con fotos que no tenían ni una gracia, salvo que eran en blanco y negro. Yo no entiendo mucho de esas cosas.

Al cabo de tres meses ya me había mandado la patá en la raja aduciendo que teníamos intereses diferentes. Hoy mi Paloma pololea con un guatón cocainómano 15 años mayor que ella, que pone música en una disco de moda. La última vez que la vi estaba haciendo una performance de música gitana en el Parque Forestal, la saludé, ella tardó unos segundos en reconocerme, sonrió y me llamó "hermano".

BENEFICIADOS POR LA GUEÁ CULTURAL

Darko Sepúlveda (estudiante de ingeniería ambiental en el ESPLUCOTRAXX, sede República)
Esa tarde, como todas las tardes, no entré a clases y me fui con mis compañeros a tomar unas pilseners a La Cabaña. En eso estábamos cuando la vi entrar junto a dos amigas, las tres bien ricas y bien alternativas. Cargaban un montón de libros y al cuello llevaban sujeto enormes fonos. Orietta se acercó a la barra y le pasó un disco al barman, cuando comenzó a sonar se les iluminó la cara y comenzaron a charlar.

Con mis compañeros quedamos hechizados. Es que realmente se veían muy bonitas con ese look vintage y esas gafas gruesas. Sorteamos quién iría a conversarles y salí yo. Me tomé al seco lo que me quedaba de pilsener y me acerqué directamente a Orietta, absolutamente convencido de mi éxito.

- Hola chicas, ¿qué estamos escuchando?

- Pulp- respondió Orietta.

- ¿Pulp? ¿cómo pulpa de cerdo? mmm que rico- exclamé con cara de éxtasis y se largaron a reír.

Ya superada la tensión, hice un gesto a mis amigos para que se acercaran e iniciamos una entretenida plática. Orietta me preguntó qué signo era y le respondí Capricornio, comenzó a describir el comportamiento de los Capricornios. Ella era Leo, y me explicó que los Capricornios con los Leos se llevan muy bien, porque ambos son signos de tierra. Yo la miraba extrañado sin entender cómo alguien tan celestial podía creer en ese tipo de idioteces. ¿Tu crees en la astrología? me preguntó, claro que sí, yo leo el Tarot, respondí haciéndome el interesante.

Fue lo peor que pude haber dicho. Inmediatamente me pidió que "le viera las cartas", me negué pero insistió. Estaba a punto de develar mi mentira cuando recordé que traía en mi mochila un mazo de cartas de la lucha libre, la WWF. Es ahora o nunca, pensé, y saqué las cartas y comencé a revolverlas.

Le pedí que escogiera una al azar, cerró los ojos, sacó una carta y la puso en la mesa, la voltee y apareció Mick Foley. "Tú eres una chica muy inteligente, muy madura, demuestras una enorme seguridad en ti misma, pero cuando te hieren te gusta sufrir en soledad, sólo a veces cedes a tus arrebatos y das rienda suelta a tu rabia sin medir consecuencias", le dije convencido. "Tienes razón", respondió, con una mirada profunda, con temor, como si estuviese desnuda frente a mi, un desconocido.

Sacó otra carta, la voltee y ¡Horror!, le salió Undertaker. "No se si debamos seguir con esto", le dije, ella insistió, dime lo que dicen las cartas, lo que sea, por favor dímelo. Le tomé la mano y le dije que ese lugar no era el adecuado para tratar asuntos tan íntimos, necesitábamos estar solos, quizás encender un par de velas, un incienso. Eso la entusiasmó y nos fuimos a su departamento. El resto de la historia me la reservo.

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Zalo Reyes y el Origen de todo esto



Enaltecer a Zalo Reyes es un ejercicio que en este país todos deberíamos practicar. Zalo es el chileno por antonomasia. Todos nuestros fantasmas, nuestras redenciones, nuestros peores altibajos y nuestros fugaces instantes de gloria se materializan en él. El es nuestro Maradona, el ídolo que se equivocó y pagó, pero que dejó la mesa de centro intacta. En síntesis Zalo ES Chile...

En nuestro país se engrandece a quien jamás comete un error, al pusilánime que siempre sigue con la cabeza gacha al rebaño y que nunca se expone a la tentación. El tipo que logra torcerle la mano al destino debe cargar por el resto de su vida con la obligación de ser un "ejemplo". En cambio, a quien alcanza la gloria y posteriormente cae en un abismo todos se encargan de hacer de su vida un infierno, peor aún si es capaz de sobreponerse y redimirse, ahi es denostado hasta verlo sumido en la miseria nuevamente. Zalo transitó las estaciones de este via crucis con una entereza sobrecogedora, afrontó la fama con la misma integridad con que después le tocó enfrentar la droga y el desdén de la industria hacia su música.

Los inicios de Zalo están marcados por la carencia. Hijo de una humilde familia de Conchalí, se inició en el canto actuando en quintas de recreo y lugares de mala muerte. Su estilo sensitivo y de realmente sufrir lo que se canta no tardó en impulsar su carrera y otorgarle notoriedad.

Eran tiempos complicados, el gobierno militar estaba empeñado en convertir la vida de los chilenos en un asco y la única manera de evadir la aciaga realidad era o salir a luchar contra el régimen o quedarse en la casa viendo tele. En programas de esos años, como El Festival de la Una o Sábados Gigantes, Zalo era un frecuente invitado, por su enorme carisma no sólo era llevado a cantar sino que también participaba en sketches y animaba.

Eran años felices para El Gorrión de Conchalí, el dinero sobreabundaba y él se daba gustos como conducir un Camaro rojo. Sin embargo, Zalito permaneció viviendo en el mismo barrio que lo vio crecer, se casó con su novia desde la secundaria, absolutamente arraigado a sus orígenes, a pesar de que en algún momento internacionalizó su carrera con una exitosa gira en México, optó por volver, con su famosísima frase "¿y cuando vai pa’ la casa?". Luego vino su ditirámbica actuación en el festival de Viña, a pesar de no contar con sus éxitos, sus sandías caladas, se lo ganó todo, Antorcha, Gaviota y todo esos premios que en ese tiempo no se lo daban a cualquiera.

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Pronto vinieron los éxitos, sus obras cumbres: "Una lágrima y un recuerdo", "Una lágrima en la garganta", "Embustera", "Motivo y razón", "Amor sin trampas", "Un ramito de violetas", "La canción del títere", "El rey de tus sueños", "Mi prisionera", "María Teresa y Danilo". Algunas de estas destacados covers de otros músicos. Me detengo en este detalle porque hace poco vivimos una crisis al interior de La Gran Arcada al enterarnos a través de una española que la canción Ramito de Violetas pertenece a una tipa llamada Cecilia, no la chilena del pelo pokemón, sino que otra española. La facción vanguardista de LGA quería bajar a Zalo del Olimpo, pero finalmente se impuso la visión de la vieja guardia Granarcadiana con un argumento simple y demoledor: Zalo es Zalo, y con el "ramipidopo depe violetas..." bastaba para mandar a la chucha a esa española y dejar esa canción como suya. Aunque les duela a ese pelotudo de archivosjotalinderos.blogspot.com. que tildó la versión de Zalo de hedionda a cantina. Te ofrecemos combos aquí y ahora.

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Luego vino su divorcio con la industria discográfica. Cansado ya de lidiar con los sellos optó por la autogestión. La fama comenzó a desvanecerse y el público que antes lo glorificaba ahora seguía a nuevos cantantes, la mayoría incapaces de componer sus propias canciones. Zalo Reyes remontó su propio Gólgota, luchó contra la droga, con las acusaciones infundadas en su contra, le tocó lidiar con el peor imitador que se pudiese imaginar (un esquizofrénico que luego de profitar de la buena onda y su apoyo, ahora vaga por ferias y persas proclamándose como el nuevo gorrión de Conchalí. Incluso ha tenido el descaro de encarar al ídolo, queriéndole usurpar a la fuerza su identidad). Luego vinieron los montajes poco felices en programas de TV, como aquel asunto de ese español afeminado que supuestamente lo hipnotizó y le hizo comer una cebolla. Por esa estupidez se le condenó y se hizo mofa olvidando que él no fue el único que participó en el show de ese farsante que se paseó por todos los canales de TV, varios personajes, algunos de ellos aún en televisión, hicieron un ridículo quizás mayor.

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Echemos un vistazo a los artistas contemporáneos a él, ¿qué nos encontramos? una sarta de mediocres absolutamente desarraigados, con sus nombres anglosajones que descomponen hasta las nauseas, viviendo una gloria ficticia en el extranjero, presumiendo de la amistad de famosos artistas cuando en realidad los conocían a lo más un par de putas y algunos dealers. Hoy se pasean mendigando segundos de fama y exponiendo sus vidas aberrantes para el deleite del morbo nacional. Zalo jamás fue payaso de ese circo. Aunque algunos insisten en vincularlo al fenómeno kitsch, el revival de esa moda pasada que por falta de ingenio volvió a estar en boga. Pero ellos olvidan que Zalo siempre estuvo ahí, quizás alejado de la televisión, de los festivales mediáticos, pero componiendo y realizando presentaciones en vivo en escenarios menores, pero con la misma dedicación que en sus años de gloria.

Zalo Reyes es un rebelde, un alma libre, un punk en el sentido estricto y no el de las apariencias. Quien más que él merece hablar de si mismo en tercera persona, refiriéndose al mito desde el hombre sabio, el viejo Zaratustra que desciende al pueblo y es rechazado. ¿A alguien le queda duda de eso? En un bar en Bellavista (en el que atienden como el loly) hay un Wurlitzer con todos sus éxitos. Los videos están reeditados y en ellos aparece él con su mujer, contemplando atardeceres frente al mar, simulando quiebres, romances fugaces, ¿existe algo más romántico que eso? En una etapa de la vida en que la mayoría de los hombres prefiere aparecer a las tontas de la tele o hacer el ridículo joteando a locas de cafés con piernas, nuestro héroe reafirma sus votos con su chiquilla. Insuperable.



No son buenos días para el ídolo. Debido a su diabetes le han amputado cuatro dedos del pie. Esperemos que se recupere pronto y que esté nuevamente sobre los escenarios. Y que de una puñetera vez vuelva al festival de Viña.

Como homenaje hemos editado el compilado "Zalo Reyes v/s Resto del Mundo vol.1 (español)", donde el ídolo se enfrenta a románticos del universo hispanoparlante y les saca la cresta, con sólo 16 dedos. BÁJALO AQUÍ.

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Santos de Civil: Takeru Kobayashi "El Tsunami"

Presentamos “Santos de Civil”, la nueva sección de LGA donde indagamos en las vidas de personajes que podrían ser considerados héroes, santos, siempre desde un prisma absolutamente granarcadiano. No necesariamente deben ser un ramillete de virtudes, ni prohombres, también hay espacio para patanes y cretinos. Lo importante es que posean alguna habilidad o hayan realizado una proeza que nos hubiese gustado hacer a nosotros, para después jactarnos frente a nuestros amigos.

OPUS I : Takeru Kobayashi "El Tsunami"...


Takeru Kobayashi es un japonés de 29 años, mide 1.70 m y pesa algo así como 70 kilos. Es un tipo musculoso, peliteñido y a simple vista se le podría definir como una especie de hardcore venido a menos, de esos que juegan todo el día playstation y todavía andan en skate. Pero tras esa apariencia inofensiva Takeru esconde un enorme talento.

Seguramente usted después de realizar alguna actividad intensa comienza a sentir un hambre voraz, más aún si esa actividad involucra carrete, trago, y sobre todo marihuana. Como dicen los lolos de ahora: “le viene el bajón”, y qué mejor para saciar ese bajón que un buen completo, quizás dos, incluso alguno puede comerse tres, aduciendo como excusa que ese día no almorzó. En mi caso particular, nunca he podido comer más de 4 completos, aunque he conocido algunos que se han comido 7, pero más allá de eso todo es ficción. Hasta que apareció el Tsunami Kobayashi.

Takeru Kobayashi ha ganado 6 años consecutivos el Nathan Famous Hot Dog Eating Contest, un concurso que realizan estos gringos estúpidos para ver quien es capaz de comer la mayor cantidad de completos. El último record del Tsunami fue 53 completos en 12 minutos, y para celebrar se comió otro.

Para lograr esta hazaña el Tsunami se vale de su técnica especial llamada Salomon, que consiste en partir por la mitad el completo y sumergirlo en agua antes de engullirlo para que sea más blando y digerible.

He aquí algunos consejos para emular al campeón:

Para mantenerse en forma, hace deporte tres veces por semana, mientras que para estar sano no carga en exceso su estómago entre los cinco torneos anuales en los que participa. "Dos meses antes, aumento progresivamente mi alimentación, y la reduzco justo antes de la prueba”. El Tsunami fracciona su alimentación en seis pequeñas comidas diarias. "Si como demasiado de golpe, me provoca mucha tensión en el estómago".

Es primordial aclarar que fuera de competencias el Tsunami le hace la cruz a los completos, las hamburguesas y toda esa bazofia que tiene a todo Occidente con guata de delantal y olor a gordo. Los considera alimentos dañinos para la salud.

Tal es el revuelo que desata Takeru en el mundo entero que varias veces lo han enfrentado en distintos desafíos. Ha engullido enormes cantidades de hamburguesas, sushi, frugelés, sopaipillas con pebre, y siempre sale vencedor. En un programa lo enfrentaron a un oso y, a pesar de que el Tsunami en 2 minutos y medio se zampó 31 completos, el oso lo hizo morder el polvo, ya que en esos mismos 2 minutos se había tragado los 50 completos que le pusieron enfrente y se quedó con cara de hambre mirando el plato de Takeru.



Lamentablemente su organismo le pasó la cuenta. El Tsunami debió alejarse de la alta competencia debido a una artrosis de mandíbula provocada por el intenso entrenamiento al que se somete, "mi mandíbula se niega a seguir la lucha", sentencia entre lágrimas. Pero aun así participó en el desafío del año pasado y como era de suponer, perdió. El ganador fue un gringo sin brillo que se zampó 66 completos, mientras que el ídolo lesionado obtuvo el segundo lugar por zamparse 63. ÍDOLO.

A continuación dos youtubazos del campeón:

La técnica del Salomon en Slow Move.



El Tsunami en todo su esplendor



by Casimiro Boamorte

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Mi encuentro con Armando Uribe

Hace unos días caminaba por el Parque Forestal junto a Yorka, mi pierna suave. Era la tarde de un domingo y Yorka tenía ganas de pasear y tomar un helado. Me pareció una idea sensata, era eso o seguir pudriéndonos entre las botellas y las cenizas del cuartucho en el que vivimos.

La caminata no se prolongó por mucho. A dos cuadras nos encontramos con una muchedumbre que observaba cómo un par de mimos se paseaba en medio de la calle, obligando a los vehículos a frenar violentamente para no atropellarlos. Para qué frenan, pregunté, y nos quedamos un rato esperando a que uno de los mimos, o mejor los dos, fueran arrollados. Nada ocurrió, eran unos mimos muy hábiles, o los conductores no tenían los cojones suficientes. Lo único que pasó fue un heladero y le pedimos que se acercara. Ella eligió centella, yo trululú...

Seguimos nuestro paseo por el costado del museo de Bellas Artes. Toda la bazofia alternativa se da cita en ese lugar para mostrarse y vender sus artefactos y atuendos. Parecía una convención de miopes, todos con sus gafas demasiado gruesas, cargando sus bicicletas pesadas e incómodas. Nos quedamos hojeando unos libros que vendía una chica con mucha onda. Me llamó la atención un compendio de obras de Nietzsche, colegí que quizás esta chica podría ser una estudiante de filosofía, así que por ahí intenté crear un diálogo, estaba muy rica.
- ¿Oye y este libro de Nietzsche que onda?

- A ver, ¡Ah, es rebueno!

- ¿Lo leíste?

- No

- ¿Entonces cómo sabes que es bueno?

- Ah, no sé, seguramente lo leí alguna vez, no me acuerdo, te lo dejo en 3 lucas.

Metros más allá unos hare krishna comenzaron a entonar sus mantras y a traquetear sus tambores. El frontis del MAC estaba atiborrado de malabaristas que daban la impresión de estar hace mucho rato haciendo los mismos trucos y que estarían mucho rato más en lo mismo. Nos vamos, dije, pesqué de un ala a Yorka y escapamos por una calle lateral.

Camino a casa, en una pequeña plazoleta se había instalado un organillero y un chinchinero a realizar sus respectivos actos, rodeados por un pequeño corro de curiosos. Yorka se acercó al organillo y quedó fascinada mirando a un lorito que extraía papelitos que se suponía traían escrito algo que genera suerte, un conjuro. No le presté mayor atención, el loro se veía flaco y viejo, además el organillero parecía un cadáver, vendía sus globos y remolinos sin expresión alguna en el rostro. Me di cuenta que mientras giraba la manivela le miraba las tetas a Yorka, pero no me importó. En cambio, si me quedé pegado mirando cómo el chinchinero daba vueltas y vueltas, con una precisión estremecedora. Tanta atención le puse y tan rápido giraba que terminé mareándome y me tuve que sentar y concentrar para no vomitar. Cuando el mareo se fue y pude enderezarme, el tipo ya había dejado de dar vueltas y ahora se paseaba entre el público con el sombrero en la mano. Daba la impresión de que estaba pesado, debía estar lleno de monedas. Cuando se me acercó me hice el leso y caminé hacia Yorka. De pronto se escuchó un ¡hey, chinchinero!, todos miraron hacía donde provenía la voz, yo también, y ahí estaba, a escasos metros, Armando Uribe con su voz de humareda y vestido para la muerte.

-¡Mira, es Armando Uribe!- le dije a Yorka, pero pareció no importarle. Sólo puso la cara del gato de Shrek y me pidió una moneda para que el lorito le sacara un papelito. Me dieron ganas de abofetearla ahí mismo.

El poeta dejó caer un billete. El chinchinero y el organillero se lanzaron como ratas a atraparlo. Yo estaba tan emocionado que comencé a saltar y a hacer aspavientos para llamar su atención, intentando esquivar a los artistas que estaban a puñetazos disputándose el mentado billete. Don Armando encendió un cigarrillo y se quedó mirando el organillo y al lorito, o quizás las tetas de Yorka, quién sabe.

- ¡Heey ArUrAr, aquí!- le grité, ahí recién me miró, con algo así como desprecio.

- ¡Oiga maestro, yo también soy poeta!- al escuchar esto su semblante cambió, a pesar de que no movió ni un músculo de su rostro, me atrevería a decir que le dio risa.

- ¿Y, al menos tiene vocación para serlo?- respondió. El humo y su voz de ultratumba transformaron esa irrelevante inquietud en una pregunta de vida o muerte.

- ¡Pero claaro que sí pues, don Armando, ando siempre con una tremenda resaca y puedo estar hasta cinco días sin comer!

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Sumo poético

Turbo Lover v/s Daddy Azúcar

La Venganza

Combate pactado a dos asaltos y un tercer tiempo obligatorio por el título mundial de los poetas sin gloria.

Categoría "Panzas de Delantal"

Round I... Fight!!!

Bukowski mentiroso

Carlitos Bukowski miente mamá

no existe regazo más frío y cruel

que el pecho de las prostitutas

No hay gesto de humanidad en ellas

sin mediar un sucio billete

el que arrugan y esconden entre las tetas


Carlitos Bukowski miente mamá

la vez que me perdí de la chamba

los caballos se cagaron

sobre la estadística

y sobre mis corazonadas

Fueron tres días de hambre

frío y nefasta inacción

Al volver mi patrón me dio tal paliza

que escupí un par de dientes

y oriné sangre durante días


Carlitos Bukowski miente mamá

en las bibliotecas y sus libros

sólo aprendí medios siniestros

para perpetrar crímenes horrendos

la erudición encumbra al Mal

a límites insoportables.


Carlitos Bukowski miente mamá

después de mis vergonzantes borracheras

cada mañana fue un parto múltiple

Sucio, maloliente,

emané la santísima trinidad

en forma de efluvios tóxicos


Carlitos Bukowski miente mamá

no hay encanto que opaque al acné

Y si, lamentablemente

A un perro viejo

se le puede enseñar trucos nuevos

a cierta edad es apremiante

Fundamental.


y lo peor, mamita querida

Los Bolañitos me llaman salieri de Bukowski

cuando en realidad lo soy de Henry Miller

Turbo Lover



El Intruder

Una noción trágica del cosmos

se condensaba

aprisionada en sus contornos

la luz se pudría ahí dentro.

La magnífica resiliencia

conservó un diminuto fragmento

de la sombra que alguna vez fue

Ese hermoso daguerrotipo

que tras la erupción

navega entre lava y roca


De tanto en tanto

el viene y se va

se pasea frente al marchito pórtico

a veces se detiene

hace como que escribe algo

y se marcha

otras veces simplemente pasa de largo

y en un movimiento extraño

veloz y torpe,

gato viejo, gato ciego

lanza algo así como un sobre, una carta

algo así como un sanguinolento órgano

palpitante, que emite un hedor horrible

y huye de la luz como las baratas

de tanto en tanto el se muere

lo lloran y todo ese show

pero siempre vuelve como si nada

Sin nada

“que sueño tan extraño”

se queja el intruso

mientras vacía hasta secar

la botella en el vaso sucio

acá no hay hielo...

acá no hay atenuantes...


by Daddy Azúcar


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Resultados Tomboleta Poética II

La segunda versión de La Tomboleta Poética fue todo un éxito. Cuatro competidoras se jugaron la vida por la once con el equipo de LGA, dando vida a una de las finales más emocionantes y discutidas de las que se tenga memoria.

Los poemas, respuestas y ganadores a continuación...

I

duérmete niño mío

que vienen las palomas

a comerte los ojos;

que viene el tigre, el león

a comer tus bracitos.

duérmete, corazón.


C - Virginia Ocampo. bella canción de cuna, ideal para adormecer asesinos en serie.


II

Tienes que hacerte a muchas mujeres,
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes.
Y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.

Ve al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
Aprender a ganar es difícil:
cualquier idiota puede ser un buen perdedor.

Y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.

No te exijas.
Duerme hasta el mediodía.

Evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa a plazos.

Recuerda que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).

Y, si tienes capacidad de amar,
ámate a ti mismo primero,
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota,
ya sea por buenas o malas razones.
Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.

Quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y, como las araña, sé
paciente;
el tiempo es la cruz de todos;
más que el exilio,
la derrota,
la traición,
toda esa basura.

Quédate con la cerveza.
La cerveza es continua sangre,
una amante continua.
Toma una buena máquina de escribir
y, mientras los pasos van y vienen,
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.

Haz de eso una pelea de peso pesado.
Haz como el toro en la primer embestida
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.

Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres,
sin comida,
sin esperanza…
entonces no estás listo:
toma más cerveza.
Hay tiempo.
Y, si no hay,
está bien
igual.


E - Carlitos Bukowski, si vas a ser un borracho, debes ser el mejor de todos.


III

¡sal de mi pecho!

ensueño vuelto cáncer

¡lárgate conchetumadre!

prefiero el vacío inquietante

a la ruina cubierta

de la amarga ceniza

que estropea los mecanismos


B - Casimiro Boamorte. Conjuro para olvidar a una arpía que se fue con unos gitanos.


IV

¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?
¡Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero, oiga,
¿Acaso usted podría cantar en dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con importantes preguntas:
-¿Era o no roja la barba de Barbaroja?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con telaraña.
Yo conozco de ...., cualquiera de sus historias.
Hablan de ....(para que lo odien)¹
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño.
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama,
hacen sonar sus pobres ideas
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua, eran mis interlocutoras,
con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la "sinhueso".


D - Vladimir Maiakovski, enorme poeta y borracho ejemplar.


V

Yo te digo

todo va a estar bien

no te preocupes más

mantén el movimiento


C - Los muchachos de El Símbolo, trascendental agrupación musical de los 90.


VI

...y heme aquí sondeando

en un beso largo

sus suaves riscos

sus pechos tibios

altares idóneos donde se glorifica la muerte

cada noche sin luna, sin cielo

sin nada, ni nadie

sin Estigia ni Cancerbero

en valium tres veces yerto.

Yo me extravié en su noche

penetré fuerte sus húmedos secretos

sentí sus garfios en el torso y los hilillos de sangre

que caían y se buscaban

como el mercurio de un termómetro roto.

Vaya, en que esclavo quedé convertido

orgullo de mi madre muerta.


C - Turbo Lover extracto de un poema que es mejor ni recordar.


Los puntajes son los siguientes:

La señorita Valentina obtuvo 3 puntos buenos

La señorita Gloria obtuvo 4 puntos buenos.

La señorita Paula obtuvo 4 puntos buenos.

La señorita Paz obtuvo 5 puntos buenos.

En un tremendo esfuerzo de producción y gracias al auspicio de La Unidad y de la Fundación El Monstruo de 3 Cabezas, hemos decidido premiarlas a todas!!. La Unidad se encargará de contactarlas y de informarles las coordenadas y hora.

Las queremos felices.

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Chet Baker sings





El disco supremo de esta edición es una exacerbación de la suavidad. Una de las piezas más calentonas de la discografía granarcadianas y lo más idóneo a la hora de ronronear...



Chet Baker fue un trompetista, fliscornista y compositor estadounidense, blanco, que se codeaba entre titanes como Bird, Dizzy y Miles. Añadió a su particular delicadeza y fragilidad en el soplo y fisura, su voz envolvente, complemento exquisito de la trompeta.

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Después de alcanzar renombre tocando junto a Charlie Parker y Gerry Mulligan, realiza giras por USA y Europa al frente de cuartetos y quintetos compuestos por destacados músicos como Art Pepper, Bill, Evans, Lee Koonitz y Stan Getz. No tarda en sufrir una serie de contratiempos debido a su adicción a la heroína. Cae a la cárcel en Italia y Alemania. Lo expulsan definitivamente de Alemania y vuelve a New York, donde en una gresca con narcotraficantes le fracturan la mandíbula y le botan prácticamente todos los dientes. Se aleja de la música por tres años y trabaja en una gasolinera.

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De la mano de Dizzie Gillespie retorna a los escenarios. El fantasma de la heroína siempre lo acosó y lo obligó a alternar grabaciones y conciertos en Europa y USA, hasta que en extrañas circunstancias cayó desde una ventana del hotel donde se hospedaba en Holanda.


Como bonus track incluí al disco una versión de Almost Blue de Chet Baker junto a Elvis Costello.

descarga el disco AQUÍ

Esto va dedicado a ti, Almost Blue.

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Una esposa para Dino Rossi

John Fante
Fragmento


Su nombre era Dino Rossi, y era peluquero en el norte de Denver, en el barrio italiano donde vivíamos cuando éramos niños. En un principio había cortejado a mi madre. Eso fue por 1909, antes de que mi padre apareciera en escena. Dino Rossi seguramente no era tan ardiente en cuestiones de seducción; era demasiado gentil para eso; era tan delgado, de voz tan suave, sus manos y pies tan pequeños. No había sido rival para mi padre quien era albañil, no representaba competencia alguna. Mi padre y mi madre se habían casado frente a sus ojos. Dino Rossi era uno de mis recuerdos más antiguos. Puedo acordarme jugando al caballito sobre sus rodillas, rebotando de arriba a abajo sobre sus huesudas rodillas...

Seis o siete veces al año Dino iba a nuestra casa a cenar. Papá solía insistir en que viniera. Papá solía desviarse de su camino para ir a la peluquería de Dino e invitarlo a cenar. Para nosotros niños, Mike y Tony y Clara y yo, la razón era obvia: a Papá le gustaba que Dino se sentara en nuestra mesa porque Dino no había conseguido casarse con Mamá, en tanto Papá lo había logrado. Mamá estaba todo el tiempo entrando y saliendo de la pieza, el trofeo de un hombre y la derrota del otro. Siempre que Dino estaba aquí, Papá mostraba un notable afecto por Mamá. Desde donde se sentaba, entre Tony y yo, los dulces ojos de Dino veían a Papá abrazar a Mamá cada vez que venía de la cocina con el asado, o los macarrones, o lo que fuera. Otras veces Papá apresaba a Mamá y la besaba violentamente.

Esto era extraordinario, así como molesto, porque Papá nunca hacía tales cosas cuando no estaba Dino. Papá era proclive a ataques de mal humor: se disgustaba por días y hacía escenas por cualquier fruslería: si sus huevos estaban demasiado blandos, o sus pañuelos sin planchar, o había un botón de su camisa descosido, levantaba ambos puños al cielo, se arrancaba mechones de cabello, y gritaba amenazas. Si el pan o la sal y pimienta no estaban en la mesa, por lo general nos advertía, a Mamá en particular, que estaba ya cansado de todo esto, y que quería seguir solo su camino. Estábamos acostumbrados a estos arrebatos, y nadie les ponía atención, ni siquiera Papá mismo.

Pero si Dino estaba ahí, ¡mamma mia, qué diferente era Papá! En ese entonces yo tenía catorce años, pero aún mi hermano Tony, de apenas seis, percibía el estilete tras la conducta peculiar de Papá. Papá estaba simplemente molestando, torturando a Dino, quien vivía en dos cuartos atrás de la peluquería, en Osage Street, y probablemente nunca se casaría ni tendría una esposa para que lo cuidara. Papá siempre sacaba el tema del matrimonio –el de Dino– en presencia de todos nosotros, ahí en la mesa.

"¿Qué diablos pasa contigo, Dino? ¿Eres hombre, o qué? Con cuarenta años, tu cabello que se cae, y aún vives en ese agujero atrás de la peluquería. ¡Consíguete una esposa, Dino! Madonna, ¿cómo puedes aguantar? ¿Cómo puedes vivir sin mujer?"

Entonces se volvía y tomaba a Mamá por la cintura, apretándola con sus fuertes brazos en tanto Mamá sonreía pacientemente, su gentil cara rogando a Dino que comprendiera, que perdonara a Papá.

"¡Mírame ahora!", continuaba Papá. "Mira lo que tengo. Y mira la comida en esta mesa. ¡Qué cocina, tan buena para el estómago de un hombre! ¿Alguna vez probaste ravioles como estos, Dino?

Dino sólo sonreía ante estos elogios.

"Los ravioles son deliciosos, Guido", contestaba. "¡Ambrosía!" Y lanzaba con las manos un beso de sus labios en dirección de la fuente.

"Por supuesto que lo es. Todo es como ambrosía cuando lo prepara tu propia esposa. Ah, Dino, qué tonto eres, viviendo en esa barraca. Tú, con todo tu dinero ahorrado, ¿y qué te ha traído? ¡Nada! Soledad, aislamiento, canas, vejez". Luego su voz cambiaba a un tono confidencial. "Dino, ¿debes de tener como veinticinco, treinta mil dólares en el banco, eh, Dino?"

Dino bajaba la mirada, y todos sufríamos con él, pues Dino no era un hombre que presumiera sus posesiones; por el contrario era generoso, Dino Rossi, nos cortaba el cabello gratis, y nos daba a cada uno un cuarto de dólar cada vez que veía a la casa, y magníficos regalos en época de Navidad.

Después de la cena era peor. Dino le ayudaba a Mamá y a Clara con los trastes, y luego iba a la sala, donde Papá estaba sentado, esperándolo impacientemente, desdeñoso en cuanto a que un hombre adulto ayudara en tareas femeninas. Bebían anisete y fumaban cigarros. Era nuestro turno después de la cena; nuestro turno para convertirnos en la herramienta del engreimiento de Papá.

Siempre nos escabuíamos en silencio hacia la parte trasera de la casa, fuera de su vista y de su alcance, pero inevitablemente nos llamaba, su voz asquerosamente afectuosa, aunque con un tono de orden que temíamos. Dejábamos los juguetes y acudíamos, hoscamente, haciendo muecas, infelices por Dino, y aún más infelices por lo que estaba ante nosotros.

Papá estaba sentado en la gran mecedora cerca de la ventana, y Dino estaba en el davenport cerca del librero. Como soldados de madera marchábamos hasta quedar en medio de la alfombra gris, ahí permanecíamos con nuestras manos que colgaban tontamente, cada uno consciente de que el fuerte borgoña de Papá había surtido efecto en él. Y ahí estaba Papá sentado, un Nerón en su trono, su cuerpo hundido en la mecedora, sus brazos inertes sobre las laterales, sus piernas bosquejadas ante él. Mike y Tony, y yo mismo, siempre teníamos ganas de salir corriendo para perdernos en la noche, esconder nuestras caras de vergüenza. Con Clara era diferente; a Papá no le importaba mucho porque era una chica.

"Helos aquí, Dino", empezaba Papá. "Mis hijos, carne de mi carne, sangre de mi sangre. Mi obra, Dino. Yo creé estos niños, yo, yo solo. ¡Ah, Dino! ¡La gloria de engendrar hijos! Obsérvalos; ojos claros, cabello grueso, huesos fuertes, piel saludable. Llevan mi nombre, me inmortalizan, me salvan de la tumba. Cuando me haya ido de este mundo, mi espíritu pervivirá en la carne de estos niños, y de sus hijos, y de los hijos de sus hijos".

Los tres nos veíamos el uno al otro, perplejos, y sintiéndonos terriblemente desnudos, nuestros ojos haciéndonos la misma pregunta: ¿por qué demonios hace esto? Pero al final el pequeño Tony era quien sacaba la peor parte, porque era el más chico y apuesto, y era él a quien Papá llamaba. Tony hacía gestos mientras caminaba a regañadientes hacia Papá, y Papá lo levantaba y lo ponía en su regazo, deteniéndolo y apretándolo con sus grandes brazos cada vez que Tony trataba de librarse. ¡Era demasiado para Tony! Mike y yo corríamos a la parte trasera de la casa, exhalando con alivio, maldiciendo: "Maldito sea, maldito sea". Pero Tony tenía que sentarse ahí y tolerar los reparos sobre las rodillas de Papá; e incluso dejarse besar, lo que era espantoso porque Papá fumaba esos fuertes cigarros negros, los Toscanelli, y cuando finalmente Tony se escapaba su boca se endurecía, como si quisiera arrancársela de la cara.

"He encontrado una esposa para Dino Rossi".

Era Papá el que hablaba. Nosotros estábamos en la cama, cuatro en el mismo lecho, Tony y Hugo, nuestro Airedale, en medio; Mike y yo en las orillas. Clara dormía en el davenport del cuarto de la entrada. Papá acababa de llegar a casa proveniente del Club Little Italy, y podíamos escucharlo en la habitación contigua, hablando con Mamá, mientras se desvestía monedas y clavos tintineaban en sus bolsillos cuando se quitaba sus pantalones.

"¿Encontraste una esposa?"

Era la voz de Mamá, y los resortes de la cama chirriaron, y supimos entonces que se había levantado tras oír a Papá.

"Una esposa. Dino Rossi se va a casar, ¡por Dios!"

"¿Pero cuándo? ¿Con quién?"

"Coletta Drigo", dijo Papá.

"¿Y quién es Coletta Drigo"

"Una mujer", dijo Papá

"¿Pero quién? ¿Qué tipo de mujer?"

"Una mujer hermosa. De Chicago".

"¿Dino la ama?"

"Ni siquiera la conoce".

Mamá exhaló angustiada. Mike y yo nos sentamos, esperando oír más. Las orejas de Hugo parecían fuelles, y empezó a gruñir. Por el silencio que se hizo sabíamos que Mamá se había quedado sin palabras. Por un buen rato no se escuchó nada. Uno de los zapatos de Papá golpeó el piso, luego el otro. Hugo empezó a lamer la cara de Tony, y Tony se sentó también. Oímos a Papá andar descalzo sobre el suelo, luego el interruptor que se apagó, y de nuevo el sonido amortiguado de sus pies cuando volvió a la cama.

"Debes estar mal de la cabeza" dijo Mamá. "Dino no quiere casarse. Es feliz así".

"Oh," exclamó Papá "ella no está tan mal". Por la forma en la que lo dijo adivinamos que Coletta Drigo, quienquiera que fuera, debía de ser en verdad una mala mujer. Papá bostezó. "La conocí esta noche" dijo. "Es nueva por aquí. Vendrá mañana a cenar. También Dino."

"¿Quieres decir –viene aquí, a esta casa?"

"Claro", dijo Papá. “¿A dónde pensabas?"

Mamá salió de la cama, cruzó rápido la habitación, y encendió la luz. También nuestra habitación se iluminó porque la puerta no estaba bien cerrada. "No recibiré a esa mujer en mi casa" dijo Mamá. "¿Me oyes? No la recibiré bajo mi techo, ni comerá en mi mesa. No quiero tener nada que ver con esto".

"¿Qué quieres decir con tu casa?" dijo Papá. "¿Qué quieres decir con tu techo? ¿Tu mesa? Yo soy el que trae el dinero a la familia, y se hace lo que yo digo".

"Ya me oíste" dijo Mamá. "Pobre Dino, pobre, inocente Dino. Bueno, ¡pues no la recibiré!" Escuchamos la puerta del closet resonar, el ruido que hacía Mamá al ponerse la bata, luego el suave sonido de los pies de Mamá acomodándose las pantunflas. La luz en el cuarto de la entrada inundaba el resto de la casa cuando mamá abandonó el cuarto. La podíamos oír, como si caminara furiosamente en círculos.

"¡Una esposa para Dino!" resopló. "¡Pero... la mera idea!"

"¡Ven a la cama!" gritó Papá. "Soy un albañil, en caso de que no recuerdes. Tengo que estar en el trabajo a las siete de la mañana".

Mamá apagó las luces y regresó a la cama. La escuchamos hablar infelizmente consigo misma. Mike y yo yacíamos en la oscuridad, nuestros oídos alerta. Tony ya se había dormido, la quijada de Hugo sobre su cuello, los gruesos labios de Hugo resoplando. Luego de un rato Mamá se quejó y tosió. De nuevo estaba sentada. Papá jadeó.

"¿Ahora qué?"

"No va a venir. ¡No la recibiré!"

"Ya me oíste la primera vez. Va a venir a casa y también Dino. Ya es tiempo de que se case, y ¡por Dios! yo veré que así se haga".

"No cocinaré. No lo haré".

"Sí, sí lo harás".

Una y otra vez retomaron la discusión., hasta que Mike se durmió y Hugo se puso tan molesto con el ruido que saltó de la cama y fue a su lugar atrás de la estufa de la cocina. Escuché sus voces en la oscuridad, pero nada se dijo para aclarar el misterio de Coletta Drigo. La voz de Mamá marcada por la amargura. Siempre era "esa mujer", nunca su nombre. Aún cuando me dormí la discusión prosiguió, Mamá insistiendo en que no cocinaría para esa mujer, y Papá diciéndole que más le valía hacerlo.

Papá ganó la disputa. Para el caso, Papá nunca perdía una discusión con Mamá pero yo supe que había ganado de nuevo cuando llegué de la escuela la tarde siguiente y olí el rico aroma de la salsa de ravioles por toda la casa. Ravioles significaba una o dos cosas en nuestra casa: ya sea que fuera Domingo de Pascua o Navidad, o bien había visitas. No era Navidad, y tampoco era Pascua.

Una mirada a los ojos tristes y las orejas caídas de Hugo, y supe que Mamá no estaba de humor. Hugo ni siquiera se atrevía a entrar a la casa. Entré a la cocina y Mamá se volvió, su cara ardiente y sudorosa, y me ordenó que saliera. Costras de harina manchaban su delantal y ella trataba de soplarse de los ojos un mechón de cabellos.

"Sólo quiero pan y mantequilla de cacahuate". dije.

Alzó su mano y señaló la puerta. No me moví. Ella siguió señalando la puerta y soplando el mechón suelto. Me encogí de hombros y me alejé. Tony recibió el mismo trato. Pataleó y chilló por su habitual pan con mantequilla de cacahuate luego de la escuela, pero de nada le sirvió. Cuando Mike volvió a casa, también él corrió con las manos vacías hacía el traspatio. Clara fue la única que recibió algo. Permaneció con Mamá en la cocina. Nosotros nos sentamos con un silencioso desánimo bajo el manzano. Todo era por esa mujer, esa Coletta Drigo, ella era la causa de todo...

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Hasta el 27 de Junio de 1994 nadie rapeaba tan rápido.




Quizás la mejor presentación en vivo después de Pulse de Pink Floyd.




La canción más memorizada de la historia después del cumpleaños feliz




Churrejas, dame almejas, churrejón, dame jamón...




todo Hollywood en 3 minutos de sofisticación




Ellos eran hombres y los llamaban Hanson




Conozco a alguien que aún tiene un cassette de Linear en su Charade cabriolet




El guitarrista quedó pelao y el vocalista ahora es evangélico




Para el hermano Papo que está en el cielo (Sandy &)




Ellos no eran gays, sólo fueron víctimas de la circunstancias




Rastafaries vegetarianos, sanos y sin embargo guatones.

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