"Al visionario y teósofo Rudolf Steiner le fue revelado que este planeta, antes de ser la tierra que conocemos, pasó por una etapa solar, y antes por una etapa saturnina. El hombre, ahora consta de un cuerpo físico, de un cuerpo etéreo, de un cuerpo astral y de un yo; a principios de la etapa o época saturnina, era un cuerpo físico, únicamente. Este cuerpo no era visible ni siquiera tangible, ya que entonces no había en la tierra ni sólidos ni líquidos ni gases. Sólo había estados de calor, Formas Térmicas. Los diversos colores definían en el espacio cósmico figuras regulares e irregulares; cada hombre, cada ser, era un organismo hecho de temperaturas cambiantes. La humanidad de la época saturnina fue un ciego y sordo e impalpable conjunto de calores y fríos articulados. Antes de la etapa solar, espíritus de fuego o arcángeles animaron los cuerpos de aquellos hombres, que empezaron a brillar y a resplandecer. ¿Soñó estas cosas Rudolf Steiner? ¿Las soñó porque alguna vez habían ocurrido, en el fondo del tiempo? Lo cierto es que son harto más asombrosas que los demiurgos y serpientes y toros de otras cosmogonías".
Del diccionario de seres fantásticos de Jorge Luis Borges...
Comic: Los Seres Térmicos
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Episodios de la vida de Virginia Humores
Kevin Marambio. ex compañero de universidad. Bebiendo terremotos en el bar L’Assassinat.
Conocí a la Virginia en la universidad. Fuimos compañeros en un curso electivo bastante aburrido y de tanto hacer la cimarra nos hicimos amigos. Ella era simpática, no era muy agraciada pero tenía algo especial, ese je ne sais pas que la hacía gozar de cierta popularidad. En esa época nadie se hubiese imaginado que terminaría convertida en una piedra angular del porno. Yo me enteré de pura casualidad... Con mi ex mujer una noche decidimos añadirle picardía a nuestra intimidad y fuimos a rentar una de esas películas para adultos. No tardé en reconocer a Virginia, lograba transmitir su encanto aun tras esa concentración de pieles brillantes y gemidos. No se por qué grité de alegría y le comenté a mi ex que la chica que enfrentaba a ese par de negros en la pantalla había sido una buena amiga de universidad. A ella no le causó ni una gracia. Esa noche no hubo acción y no me habló por una semana. Al año siguiente nos divorciamos.
Virginia era del sur, no recuerdo bien de qué lugar, pero sí recuerdo que su padre era un tacaño de colección. Había recibido de herencia centenares de hectáreas de bosque nativo, pero sólo explotaba una minúscula fracción, con lo que apenas le alcanzaba para vivir en una casa diminuta. Virginia y sus dos hermanas dormían hacinadas en una habitación. Nunca logré comprender cómo poseyendo tanto terreno y tanta madera su padre no fue capaz de ampliar esa rancha que se caía a pedazos.
Su vida estuvo siempre marcada por la carencia. A veces nos contaba historias terribles que no sabíamos si creer o no, como cuando descubrió el papel higiénico. En su casa se estilaba limpiarse con agua u hojas secas. Virginia ya estaba grande, había comenzado a frecuentar las casas de sus compañeras de colegio, y sorprendida al ver baños sin bidé, le daba vergüenza preguntar y optaba por ducharse después de cada cagada.
Don Tancredo, su padre, hasta de una incómoda gotera en el lavaplatos se las ingeniaba para ahorrar. Por las noches le colocaba un tapón al lavaplatos y en las mañanas se aseaba con el agua que se había acumulado, luego precavido de que nadie lo viera la hervía para el desayuno.
Seguramente esta fue la razón de que a Virginia siempre le atrajeron los hombres mayores, millonarios y derrochadores. El último novio que le conocí se llamaba Alfredo y era 13 años mayor que ella. Era algo calvo y tenía un aspecto senil que pretendía contrarrestar vistiéndose como un adolescente y escuchando a todo volumen música de moda a bordo de su todo terreno. Por su forma de hablar y gesticular era sencillo colegir que lo suyo era el narcotráfico. Por un tiempo se convirtió en el invitado estelar de todas nuestras fiestas, en todas derrochó dinero y cocaína a destajo. Pero pronto sus reacciones absurdas y violentas nos intimidaron y decidimos no invitarlo nunca más.
La última vez que vi a la Virginia fue el verano del 89. Fui a la facultad a guerrear unas notas y ella estaba tramitando la congelación. Después de realizar estos trámites nos fuimos a un bar a conversar largo rato. Me narró sus desdichas de amor. Con toda naturalidad me relató cómo unos días atrás Alfredo había viajado casi 300 km en taxi para llegar a su casa absolutamente jalado a exigirle explicaciones por un celo infundado. El tipo no quedó conforme y comenzó a golpearla en la calle frente a sus compañeras de universidad y vecinos. Luego las emprendió contra la Mónica, la india Mónica, su compañera de pensión, a quien sindicaba como la culpable del comportamiento indiferente de Virginia. La Mónica se crió en un orfelinato de los cerros bravos de Valparaíso, así que como era de esperar no aguantó la afrenta y le dio de combos y patadas hasta que unos transeúntes lograron arrebatarle de las manos al pobre novio que ensangrentado y sollozando clamaba piedad.
Todo esto Virginia me lo contaba mirando hacia la ventana, hablaba con aire distante mientras el cigarrillo se consumía lento entre sus dedos. Yo por mi parte me esforzaba por imaginar esa situación tan tórrida y ridícula. También miraba discretamente las formas de Virginia, se veía bastante guapa y sabía muy bien las carencias que debía sufrir con un novio viejo y cocainómano. No lograba dejar de figurarla retozando sobre mí y gritando obscenidades, pero a la vez me asaltaba la imagen del cocainómano persiguiéndome a balazos. Cuando imaginé esto último carcajeé espontáneamente pero inmediatamente simulé un arranque de tos.
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Trámites cotidianos
¿Todo es igual y nada tiene sentido?
Siempre hay gente esperando por un timbre en Impuestos Internos o fotocopiando su carnet mil veces para robarle aunque sea algunas migas al sistema, correrle algo de mano a esa puta que nos ha estafado hasta con el alma.
El aire del mediodía en los bancos está cargado de partículas venenosas. Las respiras y las toxinas se acumulan en la sangre, y te secan lentamente el corazón...
Cada trámite que haces, cada fila a la que te metes, cada deuda que pagas, disuelve aún más esa delgada capa de optimismo con la que filtramos apenas los nefastos y potentes rayos de realidad.
¿Cuál fue el día exacto en que aceptaste ser parte de ese juego? Ahora caminas y agonizas por las calles calientes, fantaseando con la posibilidad de interrumpir el trayecto de una bala perdida.
A tu puerta llegan cartas de bancos repletas con maldiciones y amenazas. Gerentes con nombres impronunciables te advierten que quebrarán tus dedos y piernas si no te apareces por relaciones comerciales.
El final del día es para el recuento de daños. ¿Cuántos cafés, trámites, disgustos y cigarrillos le sumaste a tu existencia?
La vida se siente tan distinto ahora ¿Ya lo notaste?
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Solipsista
Un día, Walter B. Jehová se convirtió en solipsista practicante. En una semana su esposa se había fugado con otro hombre, había perdido su empleo de funcionario en una agencia de envíos y se había roto una pierna corriendo tras un gato negro para evitar que se cruzara en su camino. Convaleciente en una cama de hospital, decidió acabar con todo. Miró a través de la ventana, fijó la vista en las estrellas, deseó que dejaran de existir y ya no estaban allí. Luego, deseó que todas las demás personas cesaran su existencia y el hospital se tornó extrañamente callado, incluso para un hospital. Después, deseó que el mundo desapareciera, y se encontró suspendido en un vacío. Se deshizo de su cuerpo casi con la misma facilidad y luego dio el paso final de desear que él mismo no existiera. Nada sucedió. -¡Qué extraño! -pensó. ¿Puede haber un límite para el solipsismo? -Sí -dijo una voz. -¿Quién eres tú? -preguntó Walter B. Jehová. -Yo soy quien creó el universo que tú acabas de desaparecer con tu deseo. Y ahora has tomado mi lugar-. Hubo un profundo suspiro. -Al fin puedo abandonar mi propia existencia, encontrar el olvido y dejarte a cargo. -Pero, ¿cómo puedo yo dejar de existir? Es lo que estoy tratando de hacer, ¿sabes? -Sí, ya lo sé -dijo la voz. Tienes que hacerlo de la misma manera que yo lo hice: Crea un universo. Espera a que alguien en verdad crea lo que tú creíste y desee que ya no exista. Luego te puedes jubilar y dejar que él tome tu lugar. Adiós. Y la voz desapareció. Walter B. Jehová estaba solo en el vacío y únicamente había una cosa que podía hacer: Creó el cielo y la tierra. Tardó siete días. SOLIPSISTA - Fredric Brown - 1953
Walter B. Jehová, por cuyo nombre no pido disculpas, pues en realidad ese era su nombre, había sido un solipsista toda la vida. Un solipsista -por si acaso no conoce la palabra- es alguien que cree que él es la única cosa que realmente existe, que las demás personas y el universo en general sólo existen en su mente y que si dejara de imaginárselos dejarían de existir...
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Sobre héroes y waters
Pobre Casimiro. Justo cuando la crítica comenzaba a valorar su obra se tuvo que morir. Por suerte alcanzó a disfrutar un par de años de bonanza. Después de tanto portazo en la cara al fin había logrado fichar en una importante editorial. Eso le generó dinero y uno que otro fucilazo de fama. Apareció un par de veces en la televisión, lo sentaron a firmar sus libros en la librería más importante de la ciudad. Su nombre aparecía en los rankings de libros más vendidos en la categoría ficción y últimamente se le veía acompañado de una preciosa estudiante de literatura 13 años menor que el, que lo idolatraba...
Dicen que los seres trágicos son capaces de vaticinar su muerte básicamente porque durante toda su vida no hacen más que hablar de ella. Casimiro hacía meses que andaba con la idea de que iba a morir. En las reuniones era frecuente verlo repitiendo "me voy a morir, me voy a morir" en baja frecuencia, con la mirada fija en un punto y balanceándose como los dementes. A pito de nada comenzaba a elucubrar en voz alta sobre tragedias y circunstancias heroicas, hablaba de un orfanato en llamas, de un bus repleto de escolares que iba en loca carrera hacía un acantilado. En todas estas situaciones el aparecía de la nada, ponía a salvo a todos y acababa muerto.
Un ser poseedor de un espíritu tan benévolo no merecía morir ahogado en su vómito.
Siempre nos quedó rondando la idea del suicidio. Al final todos asumimos que se trató de algo así como un suicidio sin querer. Es que nadie puede beber ni jalar tanto por accidente, aunque a veces solía entusiasmarse demasiado. Lo que reforzó aún más esta tesis fue que Casimiro días antes ya había gestionado la cremación de su cadáver en los hornos del Parque del Recuerdo y uno de los primeros en llegar al hospital fue el abogado de la editorial. Traía en su maletín el testamento y las últimas voluntades de Casimiro.
Al día siguiente llegó a mi casa un sobre lacrado con el sello de la editorial. Lo abrí y quedé estupefacto. ¡Era una invitación a su funeral! ¡Nunca había escuchado de un funeral con flyer!
La cremación resultó ser diametralmente opuesta a lo que imaginaba. Todo era demasiado formal, muy aséptico. No existía una ventanilla por donde observar el proceso. Yo imaginaba al cadáver retorciéndose de espasmos y emitiendo sonidos guturales mientras ardía. Nada de eso hubo. Todo el rato estuve moviendo las aletas de mi nariz como un conejo, sondeando algún aroma extraño, olor a carne asada. Nada de nada. Una hora después apareció un hombre pálido y sin expresión con el ánfora en las manos y ahí se acabó todo.
Casimiro rara vez nos habló de su familia. En las escasas ocasiones en que mencionó a sus padres o su origen lo hacía narrando historias tan descabelladas que era imposible tomarlo en serio. Por eso a todos sus amigos nos descolocó un poco el enterarnos de que la ceremonia post cremación sería en la casa de sus padres.
Llegamos a la casa. Habían preparado un sencillo ágape. Me serví mi Martini habitual, bien seco, y me uní a un pequeño grupo donde se recordaban algunas travesuras softcore de Casimiro. Hubo un par de brindis in memoriam. De pronto el abogado tintineó su copa, carraspeó y nos pidió a todos un poco de atención.
El abogado abrió su maletín, extrajo una carpeta y ceremoniosamente procedió a leer el mensaje póstumo de Casimiro a los invitados. En su estilo tan particular nos agradecía el haberlo soportado todo este tiempo, 27 años de desengaño, según sus propias palabras. Hablaba de lo complejo que es vivir en este mundo y que de existir exovida en otras galaxias sin duda sería igual de miserable que aquí. También reflexionaba sobre lo que se le venía, de la muerte en adelante solo hay especulaciones, ahora dependía absolutamente de los designios de Dios, del destino o lo que fuera. Eso sí, dejaba muy claro que si por estos desconocidos propósitos terminaba reencarnado en otra vida humana, trataría de convertirse en cualquier cosa menos en escritor.
Mientras escuchaba al abogado miré alrededor y observé a toda la gente que había venido a darle el adiós póstumo. No eran muchos. Estábamos los de siempre, el círculo inmediato al "poeta huracán", quien ahora yacía contenido en esa ánfora de mal gusto. También había caras desconocidas, gente de semblante conspicuo, con anteojos de marco grueso, que no dejaban de sobarle las manos a la madre de Casimiro y a su hermana, que por lo demás estaba bastante guapa.
"Quiero que mis cenizas sean lanzadas al water (inodoro) y que luego se jale la cadena. No hay metáfora alguna en este mi último deseo. Así lo quiero y así se hará. Existe una cláusula que, de no realizarse esta parte fundamental de mi despedida, obliga a mis abogados a liquidar todos mis bienes, además de los derechos de mis obras publicadas y por publicar, y todo el dinero obtenido donarlo a instituciones de caridad".
Todos quedamos atónitos. Los asistentes comenzaron a murmurar y las miradas se centraron en los padres de Casimiro, sobre todo en la madre. El padre se veía algo ausente, al parecer ya estaba un poco borracho. Luego de un breve diálogo entre sus familiares se decidió llevar a cabo esta excéntrica voluntad. Era que no, desperdiciar tanto dinero era una locura, además resultaba turbador siquiera imaginar que todo ese dinero podría ir a parar a la caridad. Fue una jugada muy hábil del poeta.
La casa no era muy grande, tenía tres baños, el más amplio estaba ubicado al costado de la pieza del fondo, así que todos nos dirigimos hacia allá. Se produjo una pequeña aglomeración. Salomonicamente se decidió que quienes estarían en el interior serían los padres, la hermana y la abuela, más el abogado que se ubicaría parado en la tina. Quedaba espacio para alguien más en la tina, así que se ofreció al resto de los presentes. La única interesada fue Sofía, una ex novia de Casimiro, quien ingresó tímidamente. El resto se quedó parado en la puerta, los de más adelante se pusieron de cuclillas para no tapar a los de atrás. Alguien acercó un par de sillas para subirnos y poder apreciar el acto. Parecía una verdadera galería.
La ceremonia continuó. Había que dejar el baño a la altura de la circunstancia así que sacamos los cepillos de dientes, el papel higiénico y los reemplazamos por objetos preciados por Casimiro: libros, la camiseta de la U, sus vinilos de jazz., su foto autografiada con Zalo Reyes. Alguien apareció con una guitarra y tocó una canción muy triste hasta que no soportó más y se largó a llorar. El padre no quiso parecer menos e improvisó unas palabras pero no se le entendió nada, su lengua estaba traposa producto de la congoja o del whisky. Después la hermana abrió el ánfora y vertió lentamente el contenido en el water.
El abogado leyó el pasaje bíblico preferido de Casimiro, ese que da inicio a Los hermanos Karamazov: "En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo cae en la tierra y no muere, solo queda; mas si muriese ,mucho fruto lleva" San Juan XII, 24-25. Al finalizar hubo dos minutos de silencio sólo interrumpidos por los llantos ahogados de su madre y del tipo de la guitarra.
El abogado salió de la tina y se colocó al costado del retrete, miró al padre, éste asintió con la cabeza y el abogado jaló la cadena. El ruido característico de esa acción indicaba que Casimiro ya era una especie extinta. Todo se había acabado. Nuestro poeta, quizás el ser más íntegro que alguna vez nos rodeó, fluía por las cañerías hasta desembocar en un río infecto, luego esa podredumbre iría a dar al mar y de ahí se atomizaría por el océano impulsando fragmentos de vida en lugares inverosímiles. Esta sombría certeza pareció afectarle demasiado a su madre, que comenzó a llorar a gritos y se lanzó de cabeza a abrazar y besar al inodoro buscando la tibieza de su hijo muerto.
Luego de su muerte los libros de Casimiro se convirtieron en un éxito de ventas. No fueron best sellers sólo por una cuestión de dignidad literaria. En los siguientes tres años la editorial publicó dos novelas póstumas y un compendio con sus mejores poemas.
De ese esplendoroso periodo sólo queda un vago recuerdo. Lamentablemente su obra no logró vencer al tiempo, al olvido. Aparecieron nuevos narradores y poetas que les bastó con tensar un poco más la cuerda del arco. Hoy los libros de Casimiro Boamorte Chirimoyanovic se pueden obtener por mil pesos en los cajones de las librerías de San Diego.
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El plan secreto del gobierno para fomentar la lectura
Septiembre 2008
Del maletín literario ya no quedan más que fantasmas. Al parecer nadie comprendió de qué se trataba esta iniciativa. Enciendo la tele y sintonizo TVN, Amaro Gomez-Pablos aparece de boina y relatando las noticias en vasco, a su lado Consuelo Saavedra igual de tonta a pesar de completar ya su quinto doctorado. El debate orbita en torno al tristemente célebre maletín, aliancistas esgrimiendo los mismos argumentos de siempre, concertacionistas defendiendo lo indefendible. Cuando llega la hora de escuchar la opinión de la gente en la calle, aparece una señora indignada hablándole a la cámara: ¡A mi lo único que me entregaron fue un montón de libros inútiles y de la maleta ni luces señorita, de la maleta nada!...
Octubre 2010
Después de tantos años de intentos infructuosos al fin la derecha logró llegar a La Moneda. Utilizaron como slogan de campaña que ya era hora de actuar más que de debatir. Para ello una de las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno fue rearticular la Dirección Nacional de Inteligencia DINA.
Las primeras funciones que cumplió este oscuro organismo tenían que ver con la seguridad ciudadana y el control absoluto de la nueva oposición. Para ello se valieron de los métodos que antaño hicieron tristemente célebre a esta unidad. Una vez logrados estos objetivos, el gobierno le encargó nuevas misiones en diversos ámbitos. Uno de ellos, la educación.
Operación Milli Vanilli
El plan fue íntegramente ideado por la DINA, con la pasiva supervisión del entonces ministro de educación, brigadier general don Tancredo Santiesteban. Se reclutó a un grupo de cinco muchachos jóvenes, algo educados e insoportablemente atractivos para conformar algo así como una "banda de escritores fashion". Ellos serían la fachada, el frente de choque mediático, mientras que en las sombras un grupo de escritores reales, con su aspecto característico, gordos, desaseados, horribles, deprimidos, escribían los cuentos, novelas y poemas que después serían utilizados en este macabro plan.
El proyecto funcionó más rápido de lo presupuestado. El primer libro publicado fue una antología de poesía joven en la que sólo aparecieron estos cinco muchachos. En la portada del libro aparecían en un fondo paradisíaco, ligeros de ropa y bronceados. Fue un best seller inmediato.
El círculo literario ya sospechaba de este grupo de escritores aparecidos de la nada, sin tutores ni padrinos. No tardaron en descubrir el truco y desenmascararon el fraude. Lamentablemente ellos mismos han desvirtuado tanto a su gremio que ya a nadie le interesa lo que opinen. La denuncia quedó en nada.
El fenómeno tomó aún más fuerza. Académicos y editores no daban crédito a lo que generaban estos cinco mozuelos. La presentación del libro y las posteriores lecturas públicas de éste se realizaron frente a un mar de gente, en bibliotecas y auditorios de universidades absolutamente atiborrados. Apenas los apuestos escritores pronunciaban palabra alguna, lo que fuese, las jovencitas comenzaban a gritar de manera estridente, todo era un caos total y finalmente no se entendía nada de nada. Hubo desmayos, ataques de histeria. No existía antecedente histórico de algo semejante. El fenómeno no llegó a tanto como para requerir a la fuerza pública, pero sí en cada lectura se dispuso de un stand de la cruz roja, personal de seguridad privado y vallas papales.
La otra parte de este siniestro plan se llevaba a cabo en un ring de lucha libre. Sí, aunque parezca ridículo. Quizás por nostalgia de la dictadura, el gobierno decidió volver a articular el torneo de lucha libre que enloqueció a todos durante los locos años ochentas. En esta nueva edición del "Cachacascán" resucitaron personajes históricos como Mister Chile, La Momia, y también aparecieron personajes nuevos. Uno de ellos fue el Profesor Destiempo, una enorme mole humana que lucía unas gruesas gafas, un jockey a lo Neruda y una humeante pipa. Este tipo era rudo y tramposo. A la menor desconcentración del árbitro cogía uno de los libros que escondía bajo el ring y golpeaba salvajemente a sus contrincantes. Entre los libros que escondía estaba el Leviathan de Hobbes, La Montaña Mágica de Thomas Mann, 2666 de Roberto Bolaño, todos libros de dimensiones bíblicas. Bastaba un sólo golpe en la cabeza para dejar a sus enemigos convulsionando en el piso, o sencillamente inconscientes.
Ambos frentes de esta operación fueron un éxito. Las encuestas y sondeos reflejaban un creciente interés por la lectura en todos los segmentos sociales y etarios. Nunca se vio tanta homogeneidad.
Julio 2012
Embriagados por los buenos resultados, los cerebros de este plan dieron demasiado énfasis a los escritores de utilería y olvidaron a los escritores que realmente escribían. Mientras los primeros chapoteaban en la fama y la gloria, los otros se devastaban a si mismos en cantinas y cabarets. Uno a uno fueron cayendo. Suicidio, sobredosis, Sida, incluso a uno lo fulminó una muela podrida que no fue tratada a tiempo.
Ya sin el fundamental grupo de apoyo nutriendo de material desde las profundidades, los falsos escritores no eran más que simples monigotes. Se les forzó a escribir, a crear, pero ninguno fue capaz de llegar más allá de una composición sobre las vacaciones de un niño de 8 años.
El fraude quedó en evidencia, y lo peor de todo es que a nadie pareció importarle. Los medios abordaron la situación como una simple curiosidad. Apareció mencionado en el último segmento del noticiario, junto a la ardilla que practica surf y el hombre que puede arrastrar un camión con los párpados.
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Kick Boxing Poético
Casimiro "pulmones de acero" Boamorte v/s Mordecai "tabique de
titanio" Boccanegra.
Combate pactado a dos asaltos. Por el título mundial de los poetas arrítmicos.
categoría "Panzas Relajadas".
Round 1 Fight!!!
Al fin dejó de llover
Lady L emerge de la carpa
sale a ver como el cielo brilla con rabia
derrite el arcoiris
silencia a los pajaritos
fulmina toda mariconada de ese calibre.
LA NATURALEZA ESTÁ EBRIA,
sentencia
Aparecen borrones sobre el azul
pupila de ciego paquete de vela
hay extraños fractales
flotando en el lago
fragmentos de cielo diluido
fantasmas de témpanos muertos
¡Hey tu, habitante acuático!
¿Qué haces aun retozando en el légamo?
¡Si ya salió el Sol!
Emerge de una vez
monstruo mítico
pequeño Leviathan
pareces aturdido
No podría imaginar aguas más apacibles
Si hasta los peces simulan su muerte
Y los bañistas chapoteamos felices
787 kilómetros al sur del miasma
¡Que suerte la nuestra Lady L!
y pensar que algunos antepasados,
y la mayoría de los muertos del obituario de hoy
Y la ∑ de bastardos desde el -∞ al +∞
se fueron sin haber apreciado
esta pintura mirífica.
El viento sopla desde la tierra al cielo
pero el peso ancla a tierra
por más pura que sea el alma
ahí no hay prodigio alguno.
Pasado un rato el milagro se invierte
el viento sopla desde el cielo a la tierra
las aguas se separan y forman
un callejón resbaloso y pútrido
Henos aquí, you and me
caminando en medio
de estos inmensos muros de agua
mirando extasiados
como ese oleaje estático
se azota contra su enorme fuerza.
Nada nuevo bajo el Sol
sólo que a veces este Sol
rezuma gotas de plomo fundido
caen en la Tierra como granizo
seco y granulado
maná sintético
se adhiere a la piel
envenena la sangre
destruye glóbulos de todos colores
y lo peor
provoca disfunción eréctil
y ahi quedan los monstruos
deambulando por la vida
luciendo afligidos
su miseria y asco.
Hago bien en quedarme en casa
allá afuera la gente muere.
Nada nuevo
ni bajo ni sobre
el vertedero.
Acá en casa
todo es de espejo
muebles, mascotas
dueños y amantes
en todos se refleja
el estado natural de las cosas
el compuesto en su estado puro
se cristaliza cada noche
y se amontona en un rincón
insurrecto del cuerpo.
Luego, como los vegetales
expulsamos la excrescencia
en forma de lágrimas sólidas
incapaces de irisar la luz
se limitan a absorberla
condensarla
y almacenarla como oscuridad.
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"The Devil’s Reject", la cura para un infame mal
Caña Bipolar (cagniam bipolaris): Dícese de la caña o resaca que no sólo genera sed y malestar físico, sino que también deja una profunda desolación y tristeza en el alma. Convierte el amanecer posterior a una noche de destrucción en un infierno. Algunos síntomas son el llanto, un leve impulso suicida, evocaciones a antiguos amores y realización de promesas que jamás se cumplirán...
La cagniam bipolaris no tiene cura, o sea, se puede evitar dejando la bebida, pero de eso mejor ni hablar. La única manera de atenuar esta caña infernal es distrayéndose con futilidades como historietas, videojuegos, pelis divertidas y de tramas básicas, y qué mayor dealer de futilidades que la televisión. Pero OJO, hay que ser cuidadoso, uno queda tan vulnerable que hasta los infomerciales te dejan con un nudo en la garganta. Ni qué decir películas como "El color del paraíso" o "El rey de las máscaras", sencillamente son letales. También se debe evitar leer libros complicados y escuchar música triste o que traiga recuerdos.
Así me sentía hace unos días, estaba hecho pedazos. Postrado en la cama inicié un tímido zapping y me encontré con una joyita, "The Devil’s Reject". La había visto antes, pero este revival sirvió para darme cuenta que es una de las mejores películas para pasar la caña.
El director es Rob Zombie y es la secuela de "The house of 1000 corpses", su primer film. El reparto es de lujo, sobre todo Sid Haig como el capitán Spaunding, la sabrosa hermana de Rob Zombie, Bill Moseley como el mesiánico Otis y William Forsythe como el rudísimo sheriff Wydell.
La familia Firefly está compuesta por el capitán Spaulding, un payaso aterrador, incluso más que el mítico payaso de It. Él y la puta de su mujer son los padres de la exquisita Baby y del travieso Otis.
El sheriff Wydell busca desesperadamente a los Firefly por sus asesinatos y para vengar a su hermano muerto. Logra sitiarlos en su casa pero sólo capturan a mamá Firefly. Otis y Baby logran escapar. En la huida van torturando y asesinando a quien se les cruce, entre ellos una sencilla ama de llaves y una rancia banda de música country. Pronto se les une el capitán Spaulding y se refugian en un prostíbulo habitado por personajes tan delirantes como ellos.
La película es un festín de morbo y sadismo con un hábil tratamiento de suspenso y un humor perturbador. El manejo de la trama hace que al final uno sienta cierta empatía hacia esta familia de psicópatas. Hasta el sheriff no logra abstraerse de la brutalidad irracional, los buenos acaban siendo más crueles que los malos. Al final la única señal de decencia en este circo de homicidas podría ser la lealtad entre los Firefly, que a pesar de los continuos roces son capaces de contar hasta diez antes desintegrarse a balazos entre ellos. Son unos asesinos íntegros.
Un par de escenas memorables: cuando Otis antes de asesinar a los músicos los hace clamar a Dios para que los salve y comienza a simular que Dios lo posee, luego les explica que creer en eso es una soberana estupidez y los descuartiza.
Cuando el sheriff y su par de matones emboscan a la familia en el prostíbulo, el castigo es delirante, sobre todo cuando le da de correazos a la guapa Baby. Llegué a gritar de alegría.
"The Devil’s Reject" es una entretenida historia de psychokillers, muy recomendable. Les dejo algunas escenitas. La fiestoca y el posterior asalto al prostíbulo con una canción espectacular de fondo y la inmolación final muy en la onda Peckinpah.
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Jimi Hendrix - Blues
Algo así me ocurrió con Hendrix y su disco "Blues". No lo escuchaba hace largo rato y hoy vuelve a mi vida en un periodo trascendental. La versión acústica de Hear my train a comin’ con una guitarra de 12 cuerdas.
En algún momento de la vida llega a nuestros oídos un disco que nos enloquece. Rayamos un buen tiempo con él, se lo presentamos a amigos y nos decepcionamos de quienes no experimentan la misma fascinación. El cerebro reconoce estos discos como fundamentales y él mismo se protege contra la saturación. Así involuntariamente lo dejamos de escuchar por un tiempo, incluso se nos olvida, pero en algún instante de nuestra historia reaparece. De pronto, mientras cachureamos, lo encontramos y decimos bah, ¿y esto?, y se nos abalanza un momento proustiano, nos invaden recuerdos felices, lo escuchamos una y otra vez y no nos explicamos cómo fuimos capaces de dejar de lado un disco tan bueno... ![]()
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