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ENTREVISTA: Casimiro against los literatos

Extracto de la única entrevista que concedió el célebre escritor Casimiro Boamorte antes de su paso a la clandestinidad.

Son las 10 de la mañana y Casimiro nos abre la puerta en calzoncillos cargando un Tom Collins en la mano. En el lapso en que nos saludamos y acomodamos en la inmensa terraza, ya va en su tercer cocktail. "Heredé la inmunidad al alcohol de mi padre" nos aclara con tono mesiánico ante nuestro evidente asombro...

Casimiro Boamorte Chirimoyanovic, 37 años, ventrílocuo de profesión y literato por vocación, y necesidad, como nos recalca mientras revuelve su trago con el dedo, acaba de ser nominado al Premio Nobel de Literatura, hecho que conmocionó a todo el orbe literario ya que no se le conoce más currículo que un par de cuentos que nadie leyó y una precaria revista en Internet. Los viejos estandartes de las letras rasgaron vestiduras ante lo que consideran la bestial decadencia de la Academia Sueca y de la literatura en general. Pero este aquelarre parece no irrumpir en la apacible finca de nuestro héroe. Aquí, inmerso en la montaña y a 20 kilómetros del vecino más cercano, se respira un aire puro, refrescante, pero un poco extraño.

-¿Como recibió la noticia de su nominación al Nobel don Casimiro?

-Tal cual me ve señorita, no tengo nada que ocultar.

-Infiero entonces que la recibió en calzoncillos, algo ebrio y con las pupilas dilatadísimas

-Efectiviwonder, querida, efectiviwonder.

-Háblenos de sus libros don Casimiro

- ...(Un par de minutos de silencio) bien pero... ¿en qué sentido?

-Háblenos de qué lo motiva a escribir

-Ah, mi escritura... Mi sustrato son los jóvenes con ideales absurdos, los creyentes que de la noche a la mañana se ven sin Dios ni Partenón, los apóstatas que en la adversidad claman por ayuda divina, los que deambulan por las calles con la tele apagada, los que coleccionan intentos de suicidio como si fueran calcomanías, los ancianos que buscan desesperadamente respuestas a cuestionamientos que creían olvidados...
Veo cómo enfrentan la vida y cómo la vida los enfrenta a ellos hasta desarticularlos por completo. Yo sólo tomo nota, los respeto en su locura y me lleno los bolsillos de dinero.

-¿Cómo anda la relación con sus pares don Casimiro, con los literatos de su generación? Pusieron el grito en el cielo por el reconocimiento que se ha hecho a su obra

- Me deja sin cuidado, le voy a explicar la dinámica de ese gremio y usted comprenderá el por qué de mi desdén... Cada cierto tiempo el cosmos nos bendice con una sensibilidad superior, el iluminado, un quasar literario, pero lamentablemente con él también brota un centenar de chupópteros que profitan de su estilo, de sus argumentos, hasta de su vida. A pesar de que todos quienes le rodean están conscientes de su nulidad, de su mediocridad, saben que viviendo como cortesanos aseguran su aparición en los registros históricos. Eso es seguro, porque lamentablemente el peso de una generación no lo puede cargar un sólo hombre, aunque este hombre sea un titán, un Mesías, es imposible.

Al final terminan todos sumidos en la misma pez, el iluminado y sus adláteres, sobrevalorándose los unos a los otros y aplaudiéndose efusivamente ante la menor intervención, bebiendo piscolas que guardan en botellas de absenta, meneando sus pipas y lanzando sus boinas al aire. Parecen verdaderas focas amaestradas, las pipas vendrían a ser las enormes pelotas de colores que suelen equilibrar estas focas sobre su nariz.

Estos cerdos cultivan el estereotipo del escritor incomprendido, rupturista, y son tan convincentes que terminan viviendo como escritores, sufriendo como escritores y tirándose a lolitas idealistas 20 años menores que ellos. Pero basta una simple conversación para descubrir que en sus bitácoras no han escrito nunca nada y que no han leído ni el 10 % de todos los libros con los que se llenan la boca.

Conforman un círculo cerradísimo, hermético, que sólo se abre para limosnearle al poder de turno y a los privados esnobistas. Así, mediante antologías en las que se lamen sus propios traseros, plagios groseros a escritores consagrados e incluso a otros igual de mediocres que ellos, logran armarse de premios, fondos y becas con las que se mantienen encumbrados en la comodidad de su delirante elite.

Todo esto parece un sinsentido, y tal vez lo sea, pero es la única teoría que manejo para explicarme cómo un poeta puede lamerle tan descaradamente el culo al presidente; cómo alguien puede ganar un concurso de cuentos copiándole hasta el nombre de los personajes a otro escritor; cómo alguien se adjudica una beca cinco años seguidos para finalmente presentar un remix de poemas ajenos; cómo alguien puede idear un concurso llamado Juan Pablo II en 100 palabras y cómo un grupo de zopilotes puede aprobar esa idea tan aberrante... ¡Si incluso hay uno que le escribió un poema a ENAEX, una empresa de explosivos!

-Noto cierta animosidad en sus palabras don Casimiro, cualquiera pensaría que los detesta

-Absolument

-¿Cree usted que con esta nominación al Nobel ya ha alcanzado el cenit de su genio?

-Lamentablemente ya perdí la oportunidad histórica de entregar lo mejor de mí. Todo acabó el 14 de Julio del 2003, con la muerte de Roberto Bolaño. En esa época yo quería ser ingeniero, convertirme en un burgués gentilhombre, así que de manera inconsciente dilapidé mi chance de pasar a la historia como un santo.

-A qué se refiere don Casimiro

-A que la obra cumbre que pude realizar yo, y todos quienes estábamos con vida y sanos mientras Bolaño padecía ese infame cáncer, fue donarle un hígado. No todos son culpables, pero quienes a esa fecha ya escribíamos y conocíamos su obra debimos saber apreciar su genialidad y no ser tan egoístas. A partir de ese día la literatura chilena se convirtió en una patria de hígados, de hígados desaprovechados, farreados.

-Mejor hablemos de huevadas banales ¿Y el amor don Casimiro?

-Ay (suspiro), el amor, que difícil pregunta. Bueno, para serte franco en mi corazoncito sólo acumulo frustración y desengaño, y jamás he recibido compensación alguna por parte del destino. Pero siempre he sido un optimista acérrimo, a pesar de todo (Como habrán notado, Casimiro explica con ejemplos, cual Jesús pregonando sus parábolas).Un día, en que la pilsener helada nos tenía demasiado locuaces a mí y a mis amigos, uno de ellos me preguntó si no me aburría ser tan desgraciado y si había evaluado la opción de pegarme un balazo. Les respondí que jamás, que estaba plenamente consciente de mi desventura y de la burla que inspiro, pero eso no me importa. "Compadre, en cinco años he tenido 9 novias y las 9 me han engañado con 9 seres despreciables, pero qué importa papá, total, lo gorreao’ y lo calzoneao’ no me lo quita nadien (sic)". Toda una lección de vida.

-Notable, después de todo lo que le ha tocado vivir don Casimiro ¿Cómo se definiría a si mismo?

-Como la praxis de una desgracia irrevocable.

-Y a los jóvenes que recién se inician en el incierto camino de las letras, ¿qué les diría?

-Que por ningún motivo sigan adelante, que desechen esa idea tan loca, pero si son obstinados, y vaya que lo son, les diría: Muchachos, no hay que temer a la miseria. Hay que afrontarla, quererla, cuidarla para cuando ésta nos falte. No debemos huir de ella ni urdir intrigas en su contra. Debemos aceptarla, sentarla y acomodar un puesto más en nuestra mesa, junto a los maniquíes y los fantasmas, y ser profundamente infeliz. Hasta que sea la miseria quien huya de nosotros o simplemente nos deje olvidados en algún lugar sin nombre.

A partir de ese momento nuestros escritos recién pueden alcanzar cierto valor literario.


CONTINUARÁ...

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Teratocracia




Crónicas de mi travesía por una galaxia habitada y gobernada por bestias.

Sólo los rige una regla:

"El que no es un monstruo...
...NO EXISTE".






CAPÍTULO I


Lamentaciones de un Pulpo

Hoy cayó un inmenso espejo
a la profundidad del mar
y comprendí mi monstruosidad
en toda su extensión.
Ahora logro entender el rechazo,
el asco.
Justifico mi soledad
y no culpo de ella a nadie
más que a mí.
Se
que a pesar de mi inteligencia
y habilidad,
nadie nunca me querrá,
ni como amigo ni como mascota.
Ni hablar de una novia,
ni hablar de una cópula.
Me resigno a inspirar la burla
y siento que hago la vida más soportable
a todas esas bestias horribles
que reafirman su autoestima
sólo con mirarme.

A partir de esta “aceptación”
sondearé mis posibilidades de llevar una vida “normal”
¡son taaantas mis limitaciones!
Mejor desciendo a la penumbra abisal
a reflexionar sobre aquello.
ahí en la oscuridad
los espejos no reflejan nada
más que oscuridad.





CAPÍTULO II

Adaptación

La madre indujo el aborto en un baño público
Pujó y pujó hasta que al fin eyectó al monstruo
La criatura cayó al excusado,
y la madre presurosa jaló la cadena.
El feto quedó atrapado en el miasma
Y sobrevivió como los peces,
alimentándose de escupos e insectos suicidas.
Creció en la cañería,
Su cuerpo se formó largo y angosto
Como un báculo.
Sin brazos, sin piernas
Su cabeza era un cilindro calvo y sin facciones
Sólo un orificio por donde come, huele,
y a veces ve.
¡Ay mi Dios!
¿Cómo fue posible que semejante bestia
sobreviviera en un sitio así?
Es que el hombre, hijo mío,
hecho a mi semejanza,
es capaz de adaptarse a todo.
A todo.


Por Casimiro Boamorte Chirimoyanovic

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Perorata vespertina de un colegial cualquiera

Andar sin pilas en el mp3 cuando se viaja en Metro puede ser demasiado peligroso. Más aún a esa hora punta en que trabajadores, escolares y señoras culonas atiborran los vagones. Se corre el riesgo de escuchar conversaciones aterradoras que incluso pueden hacerte perder la fe en todo.

Fue eso lo que me pasó un lunes cualquiera entre la estaciones San Ramón y La Granja, cuando sin querer le puse oído al speech que un escolar de liceo público como cualquier otro le ofrecía al amigo que iba sentado a su lado...
Cito Textual:


"Los avances tecnológicos y el progreso no hacen más que nublarnos, confundirnos y desviarnos de lo verdaderamente importante, que es encontrar la felicidad genuina. ¿Qué hacemos en este mundo sino hallar la forma más ingeniosa posible de zafarnos de los obstáculos que se nos presentan? ¿De qué sirven tantos años y recursos invertidos en conocimiento y sabiduría si no los aplicamos a lo realmente substancial, que es alivianarnos la carga?

Cada una de nuestras invenciones, descubrimientos o adelantos sólo añaden más trabas en nuestro andar, que ya por esencia es en extremo pedregoso.

Parra estaba en lo cierto cuando luego de repasar de principio a fin la historia del individuo, con sus proezas y fracasos, cayó en la cuenta de que lo único que realmente valía la pena era abandonarlo todo y volver al punto de inicio. Porque, claro, en algún punto nos equivocamos de manera irreparable, y todo lo que vino después careció de sentido.

De ejemplos la historia está saturada, como aquella horrorosa idea de la Reina Victoria de construir el entramado sanitario de Londres, que terminó separando las aguas limpias de las servidas. Hasta antes de que se ejecutara esa obra todo buen londinense saciaba su sed exclusivamente con cerveza, ya que beber agua conllevaba una muerte casi instantánea. Por eso el pueblo (mujeres, hombres, ancianos y niños) vivía en un permanente estado de embriaguez, consumiendo alcohol desde que se levantaban hasta que se dormían. Pero las obras sanitarias acabaron con todo. ¿Habrá imaginado en ese momento Su Majestad que en pos de atacar el cólera y la hepatitis estaba fundando una cultura de la sobriedad y la lucidez? Y las nefastas consecuencias golpearon implacables a la gente: responsabilidad enfermiza, exigencias, competitividad, individualismo, preocupaciones, desapego, estrés, incomunicación, soledad, envidia y muchos etcéteras más.

La religión sólo ha empeorado aún más las cosas, con sus tablas de Moisés, sus diez mandamientos y su sinfín de métodos de castración moral que han caído con todo su peso sobre nuestras espaldas durante muchísimos años.

Y hoy se nos presenta el autocontrol y la abstinencia como sinónimos de virtud, en circunstancias de que son sólo el cimiento de nuestros más profundos miedos..."



Justo en el momento en que aquel mozalbete comenzaba a embestir sin piedad argumentos contra nuestro legado judeocristiano, sonó el pito que anunciaba que tenía que bajarme. Pero no quise que todo acabara así, como si nada, así que me armé de coraje y desde el andén le grité lo más fuerte que pude: "¡Chiquillo de mierda! ¿A eso vas al colegio? ¿A aprender estupideces? ¿A sabotear nuestra cultura?"

Por Alexander Litvinenko Calfunao

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STAND UP FOMEDY

A Fernando Sánchez

Era mi día libre y recién me habían pagado la quincena, salí súper prendido y con ganas de hacer algo distinto, conocer alguna chiquilla, charlar con alguien que no fuera un vecino de la cuadra o un compañero de trabajo, algo bien chori, ya tu sabes.

Caminaba sumergido en estas abstracciones cuando de pronto pasé por fuera de un boliche que tenía escrito en la ventana "HOY NOCHE DE STAND UP COMEDY". Díjeme: ¿Y por qué no?, están de moda y seguramente habrá chicas, así que me armé de valor y entré con paso seguro...

Me senté en un rincón, pedí una pilsener y eché un vistazo alrededor. Advertí que el público estaba compuesto por no más que algunas parejas y minúsculos grupos de chicas y chicos que charlaban desentendidos de cuanto ocurría sobre el escenario. Después de cerciorarme de que no hubiese nadie que me conociera entre la escasa concurrencia, improvisé un libreto, inspiré profundamente y todo aleonado subí a realizar mi rutina.

Conté los mejores chistes que logré recordar: el del loro y el plomero, el del proctólogo, el de los sordos que van al teatro, y abordé la contingencia con todo el sarcasmo que me fue posible. Me esforcé bastante y orlé mi interpretación con gestos, muecas y rematé con una sandía calada: "...Es que así es el chileno po, y ahora estamos más cagados que el Transantiago", y me quedé sonriendo y arqueando las cejas en espera de la reacción del público. Nadie rió, nadie aplaudió. Las miradas transitaban entre el desprecio y la repulsión, como si hubiesen presenciando un parto o uno de esos actos oscuros en que un tipo lo cuelgan con ganchos clavados en la espalda. Así que sonriendo nerviosamente saqué un pañuelo y sequé el sudor que empapaba mi rostro, luego musité un tímido agradecimiento y volví a mi mesa atravesando un incómodo silencio. La cerveza estaba tibia. Mientras bebía con asco escuchaba en sordina las digresiones y comentarios que emitía la gente acerca de mi performance. Mirándome y riendo descaradamente, se preguntaban acaso yo era un enfermo mental o tal vez una persona tan excéntrica que causaba la impresión de serlo.

No volveré a frecuentar ese tipo de lugares. En mi próximo día libre me iré directamente al bar de René o a la Nona. Ahí siempre hay chiquillas prendidas y la música suena tan fuerte que nadie escucha lo que digo.

Por Mordecai Boccanegra

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