Después de recorrer gran parte del planeta y de empaparme de un sinfín de culturas y civilizaciones, puedo declarar con toda propiedad que si algo está demás en ésta ciudad y en todas las ciudades del mundo, eso son las palomas, los cafés sin chiquillas piluchas, los nazis y los mimos. Sobre todo estos últimos.
No me refiero a los mimos de mimar, de regalonear, sino a esos pelmazos de gestos afeminados que andan chocando con paredes imaginarias, paseando perros invisibles, abriendo puertas que no dirigen a ningún lado. Esos tipos que en las esquinas se dedican a estresar automovilistas y a burlarse de los peatones. Esos chupópteros que desde el último nivel de la jerarquía de la interpretación, enarbolan los gallardetes del arte y juran que deberíamos estarles agradecidos por mantener vigente una expresión tan gárrula.
El mimo es un ser maléfico que con el tiempo ha logrado convertirse en un experto en el arte de la emboscada. A mí, por ejemplo, los payasos me caen como una patada en las nuts, por eso evito ir al circo y por suerte fueron exterminados esos payasos abominables que se subían a las micros con un sopapo y una tapa de water a contar chistes que ruborizarían hasta al Benny. Pero en cambio con un mimo te puedes tropezar en cualquier lado, o mejor dicho, es el mimo quien te encuentra, te acecha y te ataca, y te sigue por toda una cuadra haciéndose el gracioso a costa tuya frente a un público de gente muy extraña, compuesto por puros mimos en potencia.
Fue en el ocaso de los 90, esa época oscura, que todo lo circense se puso de moda y las esquinas se poblaron de estatuas humanas, tipos jugando con diávolos, haciendo malabarismo y escupiendo fuego. La vida era animada por simpáticas batucadas que lograron, con un poco de imaginación, convertir a Santiago en un inmenso sambódromo.
Ahí comenzaron a brotar los mimos y con ellos el malestar de la ciudadanía. En una cálida tarde de Abril del 2000 un grupo de vecinos, aburridos de las rutinas predecibles y aburridas, decidieron crear la Asociación Nacional de Víctimas de los Mimos (Asnavimi). Organizaban simpáticas redadas en las que un centenar de personas imitaba a un mimo y lo seguía hasta su casa, pero poco a poco fue aumentando el entusiasmo hasta que una de estas manifestaciones acabó con un mimo desollado y empalado a orillas del Mapocho. El gobierno desarticuló inmediatamente a esta agrupación imputándoles tintes fascistoides.
Este rechazo, esta mimofobia, ha acompañado al hombre desde tiempos inmemoriales. Ya en la antigua Roma, el publico del coliseo aplaudía a rabiar cuando el César ordenaba que lanzaran a un mimo a la arena para que se enfrentase con tigres, leones u osos. Hasta que Calígula decidió simplemente exterminarlos. Los evangelios registran un par de crucifixiones de mimos en la época de Jesús (algunos expertos sostienen que Judas el Iscariote antes de unirse a los apóstoles se desempeñaba como mimo en la corte de Poncio Pilatos y que su infame traición sólo era una de sus humoradas) y una serie de papiros saqueados recientemente desde el museo de Bagdad por el ejército de EEUU dan cuenta de un centenar de mimos que fueron redimidos con aceite hirviendo por orden de Nabucodonosor.
Eso si que durante la Edad Media fue una locura. Según la catedrática del Esucomex, doctora Reichell, quien imparte la cátedra “Las Fantasías de Reichell”, durante los siglos X al XII en toda Europa se registró una brutal persecución y posterior quema de mimos, se habla incluso de hogueras colectivas, se cree que la maquinaria nazi se inspiró en estos antecedentes para elaborar sus malignos métodos de limpieza racial.
Y todo este odio y persecución lo desató esa maldita costumbre que tienen los mimos de imitar y seguir por cuadras y cuadras a los incautos. A pesar de que sus actuaciones durante la antigüedad no eran tan nefastas ni invasivas como en nuestros días, simplemente porque que en esa época cualquier persona que se sintiera invadida o vejada por un mimo tenía la absoluta libertad de azotarlo o sencillamente decapitarlo.
La discusión se reactiva en estos días debido a que algunos señalan a los mimos como los principales responsables del fracaso del Transantiago (ejemplo global de todo lo malo). La razón es simple, en los albores de este plan, además de Iván el analfabeto, un batallón de mimos aparecía dando instrucciones y simulando hablar con megáfonos. Qué estúpido. Y les fue como les tenía que ir. Ahora todos esos mimos deambulan por las esquinas de semáforos largos, y en los instructivos del metro fueron reemplazados por un viejo con aspecto de profesor de media que tiene hasta cara de mal aliento, pero que al menos le otorga un poco más de seriedad a las instrucciones.
En lo personal, esta mimofobia alcanzó su cenit una noche en que junto al staff creativo y editorial de LGA nos disponíamos a beber unas ricas pilseners heladas en la Nona y nos topamos con un mimo que estaba carreteando en una de las mesas. Al parecer estaba algo ebrio porque su comportamiento era aun más insoportable de lo habitual. Además traía en la boca uno de esos pitos guachupé que hacen que la voz se escuche como la de un enano, así que aparte de su irritante rutina emitía un ruido insoportable.
Mientras lo observaba evoqué esa mágica escena de "El día de la bestia", en que el sacerdote lanza al mimo a la línea del metro. En ese instante todo se aclaró. Concluí que el mimo estaba ahí sólo para hacernos la vida desagradable. Nadie le daba un peso, todos lo evitaban, no había motivo para que se mantuviera en esa cuadra. Estaba “depurando la técnica” a costa nuestra, unos incautos amantes de la cerveza.
La solución estaba al alcance de mi mano y debía actuar de manera inmediata. Así que me paré y caminé decididamente a enfrentar al mimo, lo miré fijamente, su expresión socarrona y sus lagrimitas dibujadas me sulfuraron a tal punto que me fue inevitable darle un puñetazo. Lo golpee con tal fuerza que el imbécil cayó medio aturdido y comenzó a reclamar mientras tambaleaba tratando de ponerse de pie. "Ahora hablai Mimo y la conch…" le grité con voz gutural mientras alzaba mi puño teñido de blanco, entre el aplauso y los gritos del público. Mi público.
Mimos: la peste muda
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Saldando cuentas con el "tonto Morales"
Ay Morales, viejo y despreciable compañero de vida. Nunca nadie -como tú- me cagó tanto la existencia. Por eso aprovecho este medio y te escribo unas cuántas cosas que considero importante que sepas, aunque sea demasiado tarde.
Ya muy niño me enseñaste el daño que le hacía a la humanidad al consumirle el aire, condenándome desde el principio a una culposa soledad...
Me prohibiste ser niño: sacarme malas notas; golpear a otros niños; hacer rabiar a mamá; orinar maceteros; llorar hasta el cansancio; hurgarme la nariz y manosear a las chiquillas del curso. Y aunque jamás dejé de hacer estas cosas, tuve que pagar el alto costo de aguantar tus malditos sermones y sentirme cada día peor persona.
En la adolescencia las cosas sólo empeoraron ¿Recuerdas las post-pajas culposas que me hiciste vivir? Porque jamás soportaste mi pubertad, y lograste tu objetivo: cada erección fue un puñal que me rajó el alma y me la vació.
¡Cuánto me detestaste, Morales! ¿Acaso te olvidas de cuando me acusaste de ser el que separó a mis padres? ¿Qué culpa iba a tener yo de que a ellos se les acabara la pasión y decidieran engañarse mutuamente?
Anulaste mi voluntad y me malacostumbraste a la culpa eterna por todo y por nada. So pena de infelicidad eterna, me negaste el derecho a fracasar y a ser mediocre.
Gracias a ti, jamás disfruté a cabalidad ninguna de las mil veces que le fui infiel a mi mujer. Mientras todos viven degustando extasiados la dicha de chapotear en sábanas ajenas, para mí sólo guardaste el sinsabor del que sabe que está traicionando.
¿A quién le interesa, Morales, lo que gasto semanalmente con mis leales putas? Sólo a ti, maldito gendarme del espíritu.
Eres el peor de los enemigos internos que se puede tener, señor del remordimiento. Me cagas la vida cuando me pintas el mundo como pecado y me niegas el delicioso sabor de mis errores. Vives recordándome que estoy por el camino incorrecto y sólo me ofreces como alternativa un vacío feroz. Tu voz resuena en mi mente como la de mil "curas Hasbunes" clamando por la redención de mi alma.
Por eso desde aquí, desde la cárcel, y después de tantos años pagando esta larga condena, te ordeno que me abandones de manera definitiva. Prefiero quedarme totalmente solo a tener que tolerar tu intimidante jadeo por lo que me queda de vida.
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Chile, a arrasar otra vez en Copa América
Una vez más nuestra selección llega a la Copa América como la gran favorita para llevarse el trofeo. Nuestros jugadores pasan por un gran momento, la mayoría son titulares indiscutidos en las ligas más exigentes del orbe, y los jóvenes que se desempeñan en el vertiginoso campeonato local esperan desplegar todo su talento en este certamen para firmar millonarios contratos... Para nadie es un secreto que en las tribunas están los representantes de los equipos más poderosos de Europa, e invertir en un jugador chileno es garantía de éxito futbolístico y económico.
Si bien no es diplomáticamente correcto desdeñar a los demás competidores, en el camarín chileno se vive una confianza absoluta. Es que nos tocó un grupo demasiado abordable. Ecuador México, Brasil, son tres escuadras sobre las cuales Chile goza de una paternidad inapelable. Quizás el más sorprendente de los tres sea Brasil, la cenicienta del torneo, el desarrollo y la popularidad que el último tiempo ha tenido este deporte en ese país se ha visto repotenciado por los buenos resultados que ha obtenido últimamente. Pero seamos claros, las estadísticas nos favorecen incuestionablemente.
Un día con la selección
Al presenciar el entrenamiento es imposible no evocar a la película 300. Todo se rige por una severa disciplina. La charla técnica se lleva a cabo de madrugada y tiene un carácter solemne. Luego se da paso al entrenamiento físico y táctico, donde los jugadores se juegan la vida con tal de demostrarle al técnico su absoluto compromiso con el país.
Luego del entrenamiento matutino viene la parte motivacional. Un psicólogo recalca los aspectos positivos del trabajo en equipo y todo el plantel ve videos donde se rememoran los grandes logros de nuestro fútbol. Este es un tópico que preocupa de sobremanera a los directivos, ¿cómo motivar a un equipo que lo ha ganado todo? Según el psicólogo Malcolm Macarucci en este tipo de casos hay que apelar al orgullo patrio, a la familia y al esfuerzo de los padres.
Dentro de esta charla hay un instante en que los jugadores pueden exponer abiertamente sus críticas al cuerpo técnico y demás compañeros. Este espacio de confianza ha sido vital para la unión del equipo, pero también ha dejado damnificados, tal es el caso de Aníbal "el Metafísico" Peñaloza, que por decisión técnica ha sido marginado temporalmente del plantel hasta que logre digerir completamente sus lecturas de Nietzsche y deje el nihilismo sólo en el ámbito teórico.
Pero no todo es trabajo en la selección, aunque así quisieran todos los porfiados que se quedan entrenando después de la práctica. Es que el hambre de gloria parece no tener límites en este grupo de valientes.
Terminada la práctica de la tarde, los jugadores pueden disponer de su tiempo de la manera que se les plazca. El cuerpo técnico les recomienda que se relajen y entretengan.
Algunos jugadores recorren la ciudad visitando museos y librerías, pero la mayoría prefiere pasear por el parque del hotel. Algunos antes de dedicarse al fútbol, estudiaron un par de años en el Conservatorio, ellos se encargan de animar la tarde con sus violines y cellos interpretando obras maestras de J.S. Bach y Haydn, agasajando a los que disfrutan de partidas de ajedrez sobre la hierba y a los que se han abandonado al placer de la literatura. Para ello, el bus de la selección cuenta con una nutrida biblioteca integrada por aportes de los propios jugadores. La biblioteca es la regalona de la selección y se ha transformado en una especie de cábala. Los debutantes, impelidos por el arrebato de la juventud, prefieren escuchar jazz, sobre todo bebop. A tal punto llega su fanatismo que graciosamente se han dividido entre Coltranistas y Milesdavistas.
Otra historia es la de los casados y los "pololos", ellos aprovechan este momento de relajo para visitar a sus mujeres y novias en un resort ubicado a 30 minutos del hotel donde concentra la selección. Ahí ellas aguardan estoicamente a que Chile salga campeón, la convicción es absoluta, pero mientras esperan, aprovechan de intercambiar recetas de cocina y realizar lecturas bíblicas.
Ellas han sido autorizadas a acompañar a los jugadores con el compromiso de no desconcentrarlos ni de intervenir en este importante proceso para el deporte de nuestro país.
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Tres buenas bandas under brasileras
LER EM PORTUGUÊS
En uno de los pantagruélicos carretes que organizan los muchachos de LGA le pregunté al chupadito encargado de la música si podía sacar el disco de Don Omar v/s Daddy Yankee y colocar algo de rock. Vaya sorpresa, escuchamos tres veces al hilo Mujer Amante de Rata Blanca y después una compilación con lo mejor de My Chemical Romance que parecía no terminar nunca. Impactada por el analfabetismo musical de estos pibes, realice la pregunta del millón de reales: ¿Quieren escuchar algunas bandas underground de Brasil? Y ahora estoy escribiendo de las mejores bandas underlucheras de mi país...
Yo me crié felizmente en Sao Paulo, pero al contrario de lo que todos piensan allá no todo es samba. La escena under del rock está bastante desarrollada y continuamente se realizan festivales donde tocan muchas bandas de todo Brasil. Hoy les escribiré de tres bandas que me fascinan: Biggs, Pugna y The Fortunetellers.
Biggs es una de mis bandas preferidas por dos razones: 1º es una banda do caralho, voces roncas y poderosas; 2º por sus buenas influencias, Sonic Youth, Stooges, Bikini Kill, etc. Esta banda la integra la super rockera Flavia en voz y guitarra, la jodida Mayra en el bajo y en la batería, Brown, que al tocar más parece un pulpo que un humano, yeah!!! Llevan hartos años en escena y han realizado shows en Brasil, Argentina y Uruguay. Es una banda que ha aportado mucho a la escena underground brasilera.
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Fake kiss - Biggs
Otra banda que se la ha jugado por el rock underluchador de Brasil es Pugna. Ellos son del interior de Sao Paulo, precisamente de Sorocaba. En su música mezclan sus riffs sicodélicos, letras muy poéticas y feroces, y una presencia en el escenario más feroz todavía. Pugna lo integran Marcio en voz, Fabio y Fernando en guitarras, Richard en bajo y Chico en batería. Recientemente grabaron un video ambientado en el lugar donde viven, de ahí obtienen toda su fuerza e inspiración. Si te gusta el rock duro y no te preocupa mucho no entender portugués, no te arrepentirás de escuchar Pugna.
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Do lado de fora - Pugna
Por último les presentaré a Fortunetellers. Con un disco el 2005 y con Highman y Marcio en voz y guitarras, Salga en el bajo y Rodrigo en batería, esta fue una banda con reminiscencias del buen rock de los 70. Cantaban en inglés e hicieron muchos shows. Hablo en pasado porque lamentablemente se disolvieron el 2007, seguramente porque todos sus integrantes eran unos genios y en esas condiciones generalmente se crean conflictos tanto en política como en la propia música. Pero dejaron buena música y un videoclip insuperable donde yo, Zé Maritzinha, soy la protagonista.
boomp3.com
One PM - Fortunetellers
Listo. Con eso los dejo para que escuchen estas tremendas bandas que tocan y viven sólo por el amor al Rock
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Teoría del tema
Sucede que N no entiende los temas. Suele derivar conclusiones erróneas, incluso opuestas a toda lógica. Una pareja que camina de la mano es para N la imagen de la muerte –la del sujeto–; niños que juegan en los parques, son viejos neuróticos, solo que años antes; una mirada lasciva, una intrusión imperdonable. N nunca ha entendido los temas. Aún a tiempo comprendió que ese era su problema y se propuso aprender a entender... Como no le era posible entender "naturalmente" los temas, creyó como creen los que sí los entienden, que practicando la comprensión habitual de los temas, llegaría un momento en que se naturalizase esta forma de entender en su cabeza. Tanto fue lo que practicó, que efectivamente memorizó todas las formas posibles de entender los temas. Si se hallaba entre matemáticos, podía recordar como ellos los temas, y parecía que entendía; efectivamente entendía, pero solo con aquella parte de su cabeza que se empleaba en recordar cómo se traduce a su entendimiento el tema en cuestión. El resto, el entendimiento auténtico de N, imaginaba las ecuaciones como colchones que flotan y se encuentran a veces con amantes que los calientan, los agitan y los dejan: ecuación resuelta en la cabeza de N, equivalente al binomio al cuadrado.
Los artistas. Esto tomó mucho tiempo al pobre entendimiento de N. Pero memorizó. Cuando la estética es sublime, a N se le opacan las imágenes y puede sentir el pulso de su vientre entre las piernas. Cuando es grotesca, N siente el mismo pulso, pero le duele. De este modo, N construyó su propio diccionario. Logró tal maestría que más de alguno pensó incluso que N era una gran conocedora de todos los temas. Tanto se engolosinó N con este prestigio, que de pronto su entendimiento, el auténtico, comenzó a rebelarse. Sigilosamente, el entendimiento de N desplazaba a la memoria. Primero los registros secundarios, luego los centrales, fueron siendo reemplazados por el entendimiento auténtico. De pronto N no recordaba sus traducciones y sólo encontraba en algunas zonas de su cabeza nuevamente esa tortuosa forma de no entender los temas. Vivía con la culpa de no entender. Restringió su campo de acción a los temas en donde todavía retenía la traducción.
L la sorprendió en ese trance. L tenía la habilidad de penetrar en los espacios desmemoriados de N. Hablaban del lenguaje y de sus formas y N debía recordar que poesía era eso que acariciaba su cuerpo; que discurso era un escudo de luz encandilante y que nada era posible hacer salvo blandir otro similar –también había memorizado algunos–. Pero algo del entendimiento de N se translució para L que rápidamente descubrió la estratagema de N. Le mencionaba palabras de distintos campos –precisamente de los que N ya no recordaba la traducción– y la desafiaba a mostrarle su entendimiento auténtico. N tuvo que optar por el silencio y con él, por la ignorancia, el desdén y todas las palabras implicadas en callar. L montó en cólera. La fustigó, insistió en los temas que N no entendía y ante sus evasivas, golpeó fuerte en los olvidos de N. Le exigió posición frente a la historia, eso que para N era la sensación del carrusel. N dijo que su posición era jugar entre los animales con el carrusel en marcha. Que la sensación de caminar a favor o en contra de un plano en movimiento era su posición frente a la historia; pero la traducción de eso era horrible: ¡Hijita de los valores de una clase media arribista y ultraconservadora! Dicho estaba. L no conocía las traducciones del diccionario de N. N no podía, nuevamente, darse a entender. N lo miró desde su tan solitario no entendimiento y volvió a comprender la gravedad de su defecto. Le importaba mucho L, hasta pensó que podía ser uno de su especie –antes había conocido uno como ella, pero tuvo tan buena memoria que se quedó con las traducciones y desechó las entradas–.
Desde aquel día de la discusión cotidiana, la sensación de contraderrame, que en su diccionario aparece bajo la entrada de "justa distancia", se instaló entre ambos. Por más que L se disculpó, que la abrazó y se derramó con ella, en los términos de N –un caudal en derrame–, N sabe que L volverá a enojarse y que en sus temas y en todos los temas, siempre tendrá razón, porque N no entiende los temas.
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"Decadencia y Caída"
Charles Bukowski
Era un lunes por la tarde en El Diamante hambriento. Sólo había dos personas, Mel y el camarero. Estar en Los Angeles un lunes por la tarde es como estar en ninguna parte (incluso estar en Los Angeles un viernes por la noche es como estar en ninguna parte; pero más todavía un lunes por la tarde). El camarero, que se llamaba Carl, bebía de algo que tenía debajo de la barra, y estaba allí, frente a Mel, que se encontraba lánguidamente acodado sobre una rancia y pálida cerveza...
-Tengo que contarte una cosa -dijo Mel.
-Adelante -dijo el camarero.
-Bueno, la otra noche me llamó por teléfono un tipo con el que trabajé en Akron... Se quedó sin trabajo, por la bebida, y se casó con una enfermera y la enfermera lo mantiene. No me gustan demasiado esos tipos..., pero ya sabes cómo es la gente, se cuelgan de ti.
-Si -dijo el camarero.
-Pues el caso es que me telefoneó... Oye, ponme otra cerveza. Esta mierda sabe a rayos.
-Vale, pero basta con que la bebas un poco más de prisa. Al cabo de una hora, claro, empieza a perder cuerpo.
-Bien... me dijeron que habían resuelto el problema de la carne... y yo pensé: '¿Qué problema de la carne...?' Me dijeron que fuera a verles. Yo no tenía nada que hacer, así que fui. Jugaban los Rams y el tipo, Al, pone la tele y nos sentamos a verla. Erica, así se llama la mujer, estaba en la cocina preparando una ensalada y yo había llevado un par de cajas de cerveza. Digo: oye, Al, abre unas botellas, se está bien aquí y hace buena temperatura, el horno está encendido.
"Bueno, se estaba cómodo. Parecía como si hubiesen tenido una discusión un par de días atrás y las relaciones estuvieran otra vez tranquilas. Al dijo algo sobre Reagan y algo sobre el paro, pero yo no tenía nada que decir; todo eso me aburre. Sabes, a mí me importa un carajo que el país esté o no esté podrido, mientras a mí me vaya bien.
-Natural -dijo el camarero, sacando el vaso de abajo de la barra y echando un trago.
-Pues bien, ella sale de la cocina, se sienta y se bebe una cerveza. La enfermera. Se puso a explicar que todos los médicos tratan a los pacientes como a ganado. Que todos los malditos médicos van a lo suyo y nada más. Creen que su mierda no apesta. Ella prefería tener a Al que a un doctor. Una estupidez, ¿no?
-No conozco a Al -dijo el camarero.
-En fin, nos pusimos a jugar a las cartas y los Rams iban perdiendo, y, al cabo de unas manos, Al me dijo: 'Sabes, tengo una mujer muy rara. Le gusta que haya alguien mirando mientras lo hacemos'. 'Así es -dijo ella-, eso es lo que más me excita'. Y Al va y dice: 'Pero es tan difícil encontrar a alguien que mire. En principio parece muy fácil encontrar a alguien que mire, pero es dificilísimo'.
"Yo no dije nada. Pedí dos cartas y puse una moneda de cinco centavos. Ella dejó caer las cartas y Al dejó caer las cartas y los dos se levantaron. Y va ella y empieza a andar hacia el otro lado de la sala. Y Al detrás... ‘¡Eres una puta, una maldita puta!’, dice él. Aquel tipo, llamándola puta a su mujer. ‘¡So puta!’, gritaba. Y la arrincona en un extremo del cuarto y le pega un par de sopapos, le rasga la blusa. ‘¡So puta!’, grita él de nuevo, y le da otros dos sopapos y la tira al suelo. Luego le rasga la falda y ella patalea y chilla.
"El la levanta y la besa, luego la lanza sobre el sofá. Se le echa encima, besándola y rasgándole la ropa. Luego le quita las bragas y se pone a darle al asunto. Mientras está dándole, ella mira desde abajo para ver si los miro. Ve que sí y empieza a retorcerse como una serpiente enloquecida. Así que se lanzan al asunto hasta el fin. Después, ella se levanta, se va al cuarto de baño, y Al a la cocina por más cerveza. ‘Gracias –dice cuando regresa–; ayudaste mucho’".
–¿Y luego qué pasó? –preguntó el camarero.
–Bueno, por fin los Rams remontaron el partido, y había mucho ruido en la tele y ella sale del baño y se va a la cocina.
"Al empieza otra vez con lo de Reagan. Dice que es el principio de la decadencia y caída de Occidente, lo mismo que decía Spengler. Todo el mundo es codicioso y decadente; la corrupción está por todas partes. Y sigue un buen rato con el mismo rollo.
"Luego, Erica nos llama a la cocina, donde está puesta la mesa, y nos sentamos. La comida huele bien: un asado adornado con rodajas de piña. Parece una pierna entera, tiene un hueso que parece casi el de una rodilla. ‘Al –digo–, esto parece una pierna humana de la rodilla para arriba’. ‘Eso es –dice Al–. Eso es exactamente lo que es’".
–¿Dijo eso? –preguntó el camarero, tomando un trago del vaso que tenía bajo la barra.
–Sí –contestó Mel–, y cuando oyes una cosa así, no sabes exactamente qué pensar. ¿Qué habrías pensado tú?
–Yo habría pensado que estaba bromeando –dijo el camarero.
–Claro. Así que dije: ‘Estupendo, córtame una buena tajada’. Y eso fue exactamente lo que Al hizo. Había también puré de patatas y salsa, puré de maíz, pan caliente y ensalada. En la ensalada había aceitunas rellenas. Y Al dijo: ‘Ponle a la carne un poco de esa mostaza picante, ya verás qué bien le va’. En fin, le eché un poco. La carne no estaba mala. ‘Oye, Al –le dije–, ¿sabes que no está nada mal? ¿Qué es?’. ‘Lo que te dije, Mel –me contesta–, una pierna humana, la parte de arriba, el muslo. Es de un chaval de catorce años que encontramos haciendo auto-stop en Hollywood Boulevard. Lo recogimos, le dimos de comer y estuvo tres o cuatro días viéndonos a Erica y a mí hacerlo; luego nos cansamos de aquello, así que le degollamos, le limpiamos las tripas, las echamos a la basura y lo metimos en el congelador. Es muchísimo mejor que el pollo, aunque en realidad a mí me gusta más la carne de ternera’.
–¿Dijo eso? –preguntó el camarero, sacando otra vez el vaso de abajo de la barra.
–Eso dijo –contestó Mel–. Dame otra cerveza.
El camarero le puso otra cerveza. Mel dijo:
–En fin, yo seguía pensando que todo era un broma, ¿comprendes? Así que dije: ‘Está bien, déjame ver el congelador’. Y Al va y dice: ‘Bueno... Ven’, y abre el congelador y allí estaba el torso, la pierna y media, dos brazos y la cabeza. Troceado así, como te digo. Todo parecía muy higiénico, pero, la verdad, a mí no me pareció del todo bien. La cabeza nos miraba, aquellos ojos azules abiertos, la lengua colgando..., estaba congelada hasta el labio inferior.
"‘–Dios mío, Al –le digo–. Eres un criminal..., ¡esto es increíble, esto es repugnante!
"‘–Espabila –me dice–, ellos matan a millones de personas en las guerras y reparten medallas por ello. La mitad de la gente de este mundo se está muriendo de hambre mientras nosotros estamos sentado viéndolo por la tele’.
"Te aseguro, Carl, que a mí empezaron a darme vueltas las paredes y no podía dejar de mirar aquella cabeza, aquellos brazos, aquella pierna troceada... Una cosa asesinada está tan callada, tan quieta; es como si pensases que una cosa asesinada debería estar chillando, no sé.
"En fin, lo cierto es que me acerqué al fregadero y vomité. Estuve vomitando mucho rato. Luego, de dije a Al que tenía que largarme. ¿No habrías querido tú largarte de allí, Carl?
–Rápidamente –dijo Carl–. A toda máquina.
–Bueno, pues el caso es que va Al y se planta delante de la puerta y dice: ‘Escucha..., no fue un asesinato. Nada es un asesinato. Lo único que hay que hacer es pasar de las ideas con que nos han cargado y te conviertes en un hombre libre..., libre, ¿entiendes?’
"‘–Quítate de delante de la puerta, Al... ¡Déjame salir de aquí!"
"Va y me agarra de la camisa y empieza a rasgármela... Le aticé en la cara, pero seguía rasgándome la camisa. Le atizo otra vez, y otra, pero era como si el tipo no sintiera nada. Los Rams seguían en la tele. Me aparté de la puerta y entonces llega su mujer corriendo, me agarra y empieza a besarme. No sabía qué hacer. Es una mujer corpulenta. Conoce muy bien todos esos trucos de las enfermeras. Intenté quitármela de encima, pero no pude. Noté su boca en la mía, está tan loca como él. Empecé a empalmarme, no podía evitarlo. De cara no es muy atractiva, pero tiene unas piernas y un culo de primera y llevaba un vestido ceñidísimo. Sabía a cebollas hervidas y tenía la lengua gorda y llena de saliba; pero se había cambiado, se había puesto aquel vestido (verde) y al alzárselo vi las bragas color sangre y eso me enloqueció y miré , y Al tenía la polla afuera y estaba mirando.
"La eché sobre el sofá y empezamos en seguida con el asunto, con Al allí pegado, jadeando. Lo hicimos los tres juntos, un verdadero trío, luego me levanté y empecé a arreglarme la ropa. Entré en el baño, me remojé la cara, me peiné y salí. Y al salir, allí estaban los dos sentados en el sofá viendo el partido. Al tenía una cerveza abierta para mí y me senté y la bebí y fumé un cigarrillo. Y eso fue todo.
"Me levanté y dije que me iba. Los dos dijeron: ‘Adiós, que te vaya bien’, y Al me dijo que les hiciese una visita de vez en cuando. Entonces me encontré fuera del apartamento, ya en la calle, y luego en el coche, alejándome de allí. Y eso fue todo.
–¿Y no fuiste a la policía? –preguntó el camarero.
–Bueno, sabes, Carl, es complicado..., en realidad, fue como si me adoptasen en la familia. Fueron sinceros conmigo, no quisieron ocultarme nada.
–Pues, tal como yo lo veo, eres cómplice de un asesinato.
–Mira, Carl, lo que yo pensé fue que esa gente, en realidad, no me acababa de parecer mala gente. He conocido gente que me cae muchísimo peor y a la que detesto muchísimo más, que nunca ha matado a nadie. No sé, en realidad, es desconcertante. Incluso pienso en aquel tipo de congelador como si fuera una especie de gran conejo congelado...
El camarero sacó la Luger de abajo de la barra y apuntó a Mel con ella.
–Está bien –dijo–, vas a quedarte ahí congelado mientras llamo a la policía.
–Mira, Carl..., tú no tienes por qué decidir en este asunto.
–¿Cómo que no? ¡Soy un ciudadano! No puedo permitir que gilipollas como tú y tipos como tus amigos anden por ahí congelando gente. ¡El próximo podría ser yo!
–¡Escucha, Carl, escúchame! Oyeme lo que te digo...
–¡Está bien, adelante!
–Es un cuento.
–¿Quieres decir que lo que me contaste es mentira?
–Sí, era un cuento. Una broma, hombre. Te lié. Ahora, guarda esa pistola y vamos a tomarnos un whisky cada uno.
–Lo que me contaste no era mentira.
–Te he dicho que sí.
–No, no era mentira... Diste demasiados detalles. Nadie cuenta una mentira así. No era una broma, no. Nadie gasta esas bromas.
–Te aseguro que es mentira, Carl.
–No, no puedo creerte.
Carl se inclinó hacia la izquierda para arrastrarse hasta el teléfono. El teléfono estaba allí, sobre la barra. Cuando Carl se inclinó hacia la izquierda, Mel agarró la botella de cerveza y le atizó con ella en la cara. Carl soltó la pistola y se llevó la mano a la cara y Mel saltó sobre la barra y volvió a atizarle (ahora detrás de una oreja) y Carl se desplomó. Mel cogió la Luger, apuntó cuidadosamente, apretó el gatillo una vez, luego metió el arma en una bolsa de papel marrón, saltó la barra, enfiló hacia la entrada y salió al Boulevard. El indicador del parquímetro junto a su coche ya estaba en rojo. Subió al coche y se alejó del lugar. •
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El Hombre del Hipo

Era año bisiesto, una tarde calurosa y fome. en la micro, sentado delante mío, un hombre no paró de hipar y sufrir espasmos durante las casi dos horas que duró mi viaje. estas líneas fueron inspiradas por ese adláter de Cristo...
Refresca su rostro enfermo y telúrico,
en la ventana de la micro,
rilando y tartamudeando
Transitan sus días
por la angustia del hipo.
(En su caso perpetua)
Desesperadamente reiterativo,
todo le incomoda, le agobia.
Pero el pobrecito no se resigna
y aguanta la respiración, cuenta hasta cinco,
diez, veinte, treinta y cuatro…
Hasta que finalmente logra eyectar
una exhalación libre de espasmo
Y cree, todo ingenuo y dulce
que al fin el milagro obró.
¡Pero el hipo insiste, majadero e inoportuno!
EL HOMBRE DEL HIPO
SE HA TRANSFORMADO
EN UN HIPO.
Su presencia provoca el mismo fastidio
en todos quienes le rodean.
Ante la curiosidad
se definió como un caballero sin memoria,
pero borracho le invadieron las arpías
y negó tres veces y más
a la mujer culpable del mal.
Lamentó amargamente haber aprendido en detalle
nada más que sus voluptuosidades.
La descripción de su amor era la de un juguete sin gracia,
una mujer sin útero
soma inútil.
Y eso que el soñaba con tanta dicha,
que el infinito amor que sentía
fuese capaz de iluminar el rostro de leprosos y desnutridos.
Pero mientras soñaba
las monedas se le oxidaban de hambre
en los bolsillos del pantalón
cada vez más holgado.
Y la muy puta lo abandonó
Por un cocainómano ludópata
analfabeto y tan sensible
como el peor de los condones.
¡Qué tiempos aquellos!
lindo, encantador
un galán de buen corazón,
no este monstruo que se alimenta de piedras,
mastica kevlar y lame la arena.
Una pústula con alma,
herida mal tratada, eczema ampuloso e infecto,
El sudor gélido se cristaliza en su frente
Como lágrimas de cuarzo
Que caen estruendosamente
sobre su reflejo en el vidrio.
Siento lástima, luego repulsión
y finalmente nauseas.
Es un temblor in crescendo que exaspera a quien lo observa,
ni que decir a quien lo padece.
Hipa
En 5 segundos eyecta otro hipo.
Nada bueno se puede esperar de el
Nada, salvo un hipo.
Su exclusiva y consuetudinaria respuesta
a absolutamente todo.
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La última tentación de Rebeca
Ese verano apenas arribamos de nuestras vacaciones, Rebeca abandonó todo, incluyéndome, por escapar tras el amor de Cristian, un fotógrafo bisexual y cobarde que la sedujo hasta la locura valiéndose de cándidas poesías que transcribía desde una popular antología de autores franceses de principios del siglo XIX.
Cristian frecuentaba el mismo circuito de bares que yo, así que lo conocí vagamente y pude presenciar cómo alardeaba de las conquistas que este ruin método le proveía... -Con los ojos cerrados recorro las páginas hasta detenerme aleatoriamente en alguna, si esa página es parte de una prólogo, biografía, o si el título me parece poco seductor repito el método hasta que arroje un verso que sea de mi agrado, luego se los envío a las chicas escritos en esquelas perfumadas, obviando por supuesto el paladino detalle que lo ahí escrito no es de mi autoría-. Según él, se trataba de un método artístico muy vanguardista conocido como “azar intervenido”. Lo definió textualmente como el ardid con que el artista se encumbra en alas ajenas para así llegar más alto en su genuina creación. La intervención de clásicos le evitaba perder el tiempo en una búsqueda estéril dentro de sus limitadas capacidades. Pero en sí no era más que aprovecharse de la olímpica ignorancia de algunas muchachas para extraer algún beneficio, en este caso sexo gratuito y una leve alza en la autoestima.
En fin, el desenlace era previsible, el romance le duró un mes y medio y el fotógrafo desapareció. Una tarde, motivada por el brutal olvido, Rebeca decidió hojear aquel enmohecido libro de tapa roja que su enamorado solía utilizar eventualmente como posavasos o para trancar la puerta, y que olvidó antes de largarse tras Emilio Bau, poeta que alguna vez obtuvo una fugaz fama tras publicar un poemario que en cosa de semanas fue desenmascarado como un plagio grosero a un niño étnico que aparecía leyendo versos en un programa misceláneo de televisión. El angelical rostro de Rebeca resplandeció y sus ojos devoraron los desgarradores versos que reconocía como propios y que había llegado a aprender de memoria, "ojalá estés disfrutando la gloria que nuestro amor te brindó", pensó acongojada. Esa noche se durmió abrazada al libro que supuestamente le había dedicado su amado.
Sus amigas la llamaban la puta virgen porque a sus treinta y tantos años aún se confesaba inmaculada, a pesar de que en cada reunión era habitual verla borracha escondiéndose con distintos tipos en habitaciones y baños de los que emergía al rato colorada y sonriente, sudando y masticando chicle.
Una noche les detalló atolondradamente a sus amigas su tierno descubrimiento y frente a cada una fue hojeando el añejo libro rojo para que no hubiese duda de aquel titánico acto de amor. Las chicas se miraban entre ellas riendo a hurtadillas, pero nadie se atrevió a expresarle la verdad tan palmaria. Desde ese día dejaron de llamarle puta virgen, por decisión unánime fue rebautizada como la puta loca.
Años después me enteré que Rebeca se había reencontrado con su fotógrafo poeta y que luego de unos pocos días de estabilidad y parasitismo éste la había vuelto a abandonar, esta vez por seguir a Hermógenes Hagger, un pintor travesti muy rupturista que pregonaba ser el pionero en la técnica de pintar el sistema solar con spray. Sólo que esta vez además de dejarla sumida en la infinita tristeza también la dejó encinta.
Rebeca volvió a su Valparaíso natal a rehacer su vida con su crío y a cumplir sus truncados sueños, pero todo indicaba que acabaría oficiando de puta. Su cuerpo marchito y su rostro antaño bello y ahora yermo como un salar no generaban mucha demanda. En una de estas ofertas ambulantes conoció a don Fermín, un militar retirado, 20 años mayor que ella, que había perdido su mano izquierda. A Rebeca le dijo que la había perdido por una granada que explotó accidentalmente, pero en el cerro Mariposas todos sabían que se la había cercenado Diosito por haber golpeado a su madre.
Rebeca, abrumada por la necesidad decidió casarse. Tuvo 3 hijos más e inició un periodo abnegadamente familiar opacado sólo por las brutales palizas que con su mano diestra le propinaba su marido alcohólico. Años después, en el diario con que se aprestaba a limpiar los vidrios, reconoce el rostro de Cristian en un travesti desdentado y con muletas que reclama por sus derechos frente a la intendencia. Apaga la olla, deja a sus hijos con la vecina y toma la micro 0 que la deja en las puertas de la penitenciaría, paga la fianza de Cristian y lo lleva al hotel donde iniciaron su loco amor a escondidas, cada tarde y con un cobarde, como en esa canción que la hace llorar cada vez que suena en la radio mientras cocina. Cristian le pidió perdón sollozando, ¿perdón de qué, tontito? Perdóname por ser un cobarde y un mentiroso de mierda- respondió Cristian mientras intentaba vanamente limpiar el rimel que bajaba por su rostro montado en las lágrimas. Rebeca rió nerviosamente sin comprender de qué estaba hablando. En silencio se desnudaron el uno al otro. A Rebeca no le importó que a Cristian le hubiesen amputado la pierna derecha a la altura de la rodilla después de esa vez que estaba tan borracho que se fue con unos clientes sin siquiera percatarse que se trataba de cuatro tipos de cabezas rapadas y de brazos tatuados con esvásticas. -Subí porque los encontré bonitos y pensé que me pagarían bien- les dijo a sus compañeras que alcanzaron milagrosamente a rescatarlo antes que los neonazis lo lanzaran por el despeñadero del cementerio de Playa Ancha después de una feroz golpiza.
A Cristian sí le importó que Rebeca tuviera varias libras de más y que la cesárea que le realizaron en la posta cuando nacieron los mellizos le dejara una cicatriz que parecía aún fresca y con vida propia. Además, toda ella olía a comida casera, a carbonada, a cloro y a lavalozas, sus manos ríspidas y rojas de frío parecían más prestas a trapear un baño que a acariciar. No dijo nada porque fue ella quien pagó su libertad y la habitación.
Hicieron el amor toda esa tarde. Cristian se sentía extraño del otro lado en la cópula, se movía con torpeza. Rebeca sentía que su cuerpo recobraba vida y estaba segura que Dios no castigaría este desliz porque por algo lo permitía. Se olvidó de que tenía que pasar a buscar a los niños al colegio, de que tenía que entregar la ropa que tuvo que lavar y planchar para la familia del jefe de su marido. Y de su marido que la esperaría enajenado por los celos y le sacaría la cresta frente a sus hijos hasta que la señora Mercedita, su vecina, considerara que ya era suficiente y llamara a la policía.
¡La puta loca la hizo de nuevo! Comentaron en voz alta sus amigas que fumaban en el pórtico al verla aparecer tan radiante por el ascensor. Rebeca no pudo evitar sonreír picaronamente. Iba camino a casa ruborizada, alegre y masticando un chicle con sabor a sandía. Caminaba rapidito, con los brazos entrecruzados dando pasitos cortos y con la mirada sumergida en los adoquines para que ninguna vecina se atreviese a especular con su indisimulable dicha.
Esa noche la paliza fue una locura. Ni sus hijos mayores pudieron tranquilizar a don Fermín, que con una mano se las arreglaba perfectamente para golpear a Rebeca y a quien intentare acercársele. Rebeca esa noche fue a dar al hospital. Estuvo inconsciente dos semanas completas e internada durante un mes y medio. Del hospital salió en silla de ruedas temporalmente y con un diagnóstico que no comprendió del todo. Rebeca era portadora del VIH. Decidió no contarle a nadie. Meses después un angustioso retraso le confirmó lo que tanto temía. Estaba embarazada y sabía que Cristian era el padre. Contarle a su marido no era problema: acostumbraba a llegar tan borracho que no recordaba cuando la montaba y cuando no. Sabía que era inadmisible el nacimiento de la criatura, algo en su interior le indicaba que Dios no aprobaba esa concepción. Un día se encontró en la feria con Carletta. Era una antigua compañera de instituto, lerda, casi enana y dueña de una enorme nariz que le impidió ser feliz, hasta que su abuelo al morir le dejó una enorme herencia que fue despilfarrando en tantas operaciones estéticas que, según sus propias amigas, hasta se injertó un pene que después se extirpó. Por consejo de ella, Rebeca decidió someterse a un aborto. -Yo te lo pago linda, estamos juntas en esto- le decía pero sus arcas estaban tan escuálidas que solo le alcanzó para llevarla a una machi en Villa Alemana. La machi antes de proceder con el aborto hizo un ritual en el que confirmó las sospechas de Rebeca. " Esta guagua jue engendrá con moco aguao de maricóm", sentenció la machi quemando hojas de canelo y atomizando ron con su boca sobre el vientre de Rebeca.
Carletta le habló al oído a la machi y le entregó algunos billetes. Luego se acercó sonriente a Rebeca y le explicó que no había de qué preocuparse, que todo saldría bien, que la machi era íntima de la prima de su peluquero así que venía recomendada. Que era demasiado joven y linda para criar al bastardo de un hijo de puta, y menos aún para morir.
Entre ella y la machi ataron a Rebeca a la mesa que improvisaron como quirófano, luego salió a fumar un cigarrillo y a hablar por celular.
La machi cogió un abrelatas y uno de esos artilugios eléctricos con que se muele el puré y se baten los huevos para hacer tortas. Sumergió tres veces el abrelatas en el vaso de ron y enchufó la batidora (recién recordé el nombre tan obvio) a un alargador. Lo que sigue son agudos gritos de dolor, llanto y blasfemias en mapudungún. Carletta se encerró en el auto y puso a todo volumen ese disco de Nicola di Bari que su madre había olvidado la última vez que fueron a inyectarse botox. Dos horas más tarde la machi se asoma en el pórtico con una bolsa de basura negra, se la pasa a Carletta que pálida de susto y asco la deposita en un tarro de basura ubicado a unos pocos metros. La machi le explica didácticamente cómo la batidora devastó el útero. Le aconseja llevarla a la posta porque la costura no viene incluida en la promo. Carletta ingresa a la ruca-quirófano y ve a Rebeca inconsciente y ensangrentada como si le hubiesen echo un transplante de vísceras. Un perro mueve tímidamente la colita y se dispone a lamer los restos de placenta que tornan el suelo peligrosamente resbaladizo. Entre la machi y Carletta trasladan el cuerpo agónico de Rebeca y lo acomodan en el asiento trasero del auto, no sin antes cubrirlo de papel y nylon. Carletta pone primera, le pasa unas lucas más a la machi y se larga sin despedirse, el perro la persigue ladrándole por un par de cuadras. Un poco más allá Carletta detiene el auto y vomita.
Eran las tres de la mañana cuando se estacionó frente al hospital van Buren. Aprovechando la absoluta soledad dejó el cuerpo desfallecido de Rebeca apoyado en la escalera de entrada junto con una nota con sus datos y lo ocurrido. Emprende rumbo a casa. Mientras se quita el maquillaje frente al inmenso espejo de su enorme habitación medita sobre lo ocurrido. Le angustia como ha de explicar tanta mancha de sangre en su auto. Bebe su whisky, se toma los somníferos y se duerme.
Al otro día un vagabundo lisiado, maricón y cobarde espanta a los perros que rodean un bote de basura y escarba buscando comida, coge una bolsa negra que pesa como si tuviese un pollo en su interior. El color de la bolsa le impide notar que está manchada de sangre. Abre la bolsa y lanza un grito ante el horrendo contenido. Le invade un sentimiento extraño. Llega la policía y le interroga. Llega la prensa, le hacen unas preguntas y le fotografían. -Yo también soy fotógrafo, claro que yo tomo fotos artísticas eso si- dijo el viejo. todos, incluso los policías se echan a reír, él también aunque no sabe de qué.
"Jueves 12 de febrero de 1981. Un macabro hallazgo sacude la apacible comunidad de Villa Alemana. Un feto de aproximadamente 28 semanas de gestación es hallado en la calle X... la tarde del miércoles. El cadáver fue encontrado por un vagabundo mientras hurgaba en la basura... " Su fotografía aparece en el periódico que reposa enrollado sobre la única silla desocupada en el pasillo de espera del hospital, donde un hombre manco y sus 3 hijos legítimos más el bastardo de su mujer aguardan a que el doctor les de alguna noticia del estado de salud de su esposa y madre.
¿Logrará sobreponerse a este nuevo revés la dulce y desventurada Rebeca?, ¿podrá alguna vez el amor triunfar en esta infame escalada de infortunio?,...
CONTINUARÁ...
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Torrente: ¡El Fary es Dios!
La semana pasada falleció el Fary. Para quienes no lo conocían, el Fary es el rey de la copla pop, una especie de Zalo Reyes de España. Un self made man que derrotó a la adversidad y se convirtió en un mito.
Nosotros lo veneramos, y como póstumo homenaje hablaremos de la película por la que llegó a nuestras vidas: Torrente...
José Luis Torrente es un cerdo ex policía de Madrid que se cree detective privado y recorre la ciudad cual superhéroe, a bordo de su cacharro y escuchando al Fary . Vive en un departamento asqueroso junto a su anciano y lisiado, padre a quien obliga a mendigar y a comer las sobras de las carnicerías. Torrente es abominable, franquista, racista, alcohólico y cocainómano, desleal, corrupto, cobarde y abusivo. Luego de esta descripción es fácil comprender porqué lo expulsaron de la policía y porqué la gente con dos dedos de frente lo desprecia. Pero Torrente también posee algunas virtudes: es muy simpático y un experto en el arte de la manipulación. A eso hay que añadirle que es fanático del Atleti, aunque no duda en cambiar de colores frente a hinchas de otros equipos.
La vida de Torrente vaga de despropósito en despropósito, hasta que por algún incidente absurdo descubre una red de narcotráfico que opera en un restaurante chino. Su sentido del honor y hambre de gloria lo obligan a involucrarse en el caso.
Asi como Sherlock Holmes contaba con Watson, Torrente cuenta con Rafi, un imbécil que vende pescado junto a su apetecible prima en el negocio de su madre, y que sueña con convertirse en policía. Y aunque en ninguna parte los estándares son muy altos, en su caso es prácticamente imposible debido su extrema idiotez. Él recluta a un grupo de amigos, entre ellos un experto en electrónica y un fanático de las artes marciales, a los que Torrente tendrá que entrenar a su manera, valiéndose de peleas en bares, visitas a prostíbulos y prácticas de tiro en parques públicos.
Fragmento de Torrente
Santiago Segura se luce como director, guionista y en el papel de Torrente logra crear un policía-héroe que resulta más intimidante que Steven Seagal y Jet Li juntos. Con un humor elemental y a veces crudo, nos hace llorar de risa. Si usted considera que la mejor comedia de la historia es "Dos bribones tras la esmeralda perdida" y que Eddie Murphy es el "Cantinflas de ébano", necesita urgentemente ver películas de Santiago Segura o de Alex de la Iglesia, y si no puede, péguele un balazo al televisor como en Taxi Driver.
Ideal para alegrarse después de soportar un día de mierda. Si usted anda por la calle con un semblante similar al de Belisario Velasco, este filme le va a cambiar la vida.
Como bonus track incluimos un video del Fary desplegando todo su talento y carisma sobre el escenario. El último homenaje de un grupo de borrachos que alguna vez soñó con ser como Torrente.
¡Hasta siempre Fary!
Fragmento de Torrente dedicado a "El Fary"
El Fary interpretando "Torito guapo"
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